El Cementerio de los Elefantes Rosa

Las venas se ajustan con un nudo Windsor. Un rompimiento inesperado es una de las pocas ocasiones en la vida de una mujer que debe hacer este tipo de lazo sobre ella misma. El Windsor es considerado el más elegante entre todos los nudos y británico por excelencia. Representa distinción y diplomacia. Aunque como cualquier nudo sobre el cuello sería preferible no tenerlo encima. Lo mencionó porque mantiene una similitud sorprendente con la postura de una mujer post corazón roto.


Un clásico que no teme reeditarse: La mirada fría que trata de congelar dentro de sí la erupción de lágrimas agrias y el silencio total que en realidad es un mute de todo tipo de verdades viscerales. El botón de “no merezco esto y puedo conseguir algo mejor que tú” se activa acompañado de una mirada cítrica y/o tóxica. Mientras más digno y elegante sea su Windsor en ese momento, más temible será la contraofensiva. Las mujeres no han aprendido que el nudo de la corbata se usa solo durante un día.


Cuarto de hotel. Cerca del medio día, creo. El escenario de sabanas blancas desparramadas es desolador. Un cementerio de elefantes rosa. Las promesas de cajón están de vuelta en el archivero y dejan de engolosinar el ambiente con el opio de la esperanza.
Este territorio, con capital en esta cama alquilada, alguna vez fue una tierra feliz para ambos, prospera, llena de sueños. Un paraíso bicéfalo ciertamente. Dos cabezas no sueñan con lo mismo aunque se hayan dormido al mismo tiempo. Eso fue hace unas 6 horas, cuando ella creía en el futuro y yo creía en el placer. Déficit en el sistema educativo. Fantasías y sueños no deberían ser sinónimos en ninguna circunstancia que involucre a un hombre y a una mujer. Solo es una sugerencia a la Real Academia para evitar daños colaterales por un mal uso del lenguaje. La palabra amor es un password universal para acceder al postre pornográfico amateur.
El futuro es la noche anterior en un nuevo lugar.


Ella me observa mientras duermo y me imagina en Frac, esperando junto a su familia en la puerta de la iglesia mientras los alegres caballitos de paso la traen en una carrosa para consolidar el sagrado camino del matrimonio. Le doy el derecho de imaginar lo que quiera, pero quisiera comunicarle que aún en aquel escenario ficticio controlado por sus deseos más acaramelados yo tendría una Kaláshnikov para asesinar a los caballitos, logrando que el cochero pierda el control y la carrosa entera se vaya por el despeñadero. No me da miedo abrir los ojos.


La rutina es un fastidio para todos. El cajero de banco que debe estar contando billetes que no posee. El basurero que debe recoger basura que no hizo. Y yo, el alquimista, que debo transformar la miel en acido con una sola frase que la lleve a escuchar canciones de Ana Gabriel por tres meses. No es que quiera hacerlo, es como dije un efecto colateral del mal uso del lenguaje. Bueno, abro los ojos y claro, está ahí viéndome. Estas cosas son como representar Romeo y Julieta. Pueden ser actores tailandeses, noruegos o bolivianos que la obra va a ser más o menos la que todos conocemos. Es cultura universal. Le doy una mirada profunda y espero que me diga “que lindo… hablas mientras duermes” o alguna babosada así. Pero me sorprende y dice con tono parco -el preservativo está roto-. Suena el teléfono del hotel. Sin apartarle la mirada, tomo el auricular para que me informen que ya es hora del Check Out. Que estrictos con la hora de salida, pero es entendible en cierto punto, es un hotel no un motel y nosotros no fuimos precisamente refinados y británicos durante nuestra corta estadía.


En estos casos hay que saber mantener la calma, es como ver una aleta de tiburón mientras estás flotando tranquilamente en la costa, si te agitas lo más probable es que te quedes sin pierna.
- Bueno, no hay drama, hay píldoras para este tipo de situaciones.
- Yo sé… pero si me tomo una de esas pastillas tú estarías en Río de Janeiro al otro día y me gustó tu idea de llegar a la iglesia en carruaje con caballos de paso, me dice con evidente ironía.
Mierda, pensé que estaba despierto y pensando al momento de los caballitos, no dormido y hablando. ¿Esto sí lo estoy pensando o no?
- Necesito que me hagas un favor diminuto corazón, nada del otro mundo.
- ¿Y eso sería?
- Sería… la única forma de que no te hagas cargo de ese torbellino infinito de responsabilidades y martirios que sería tener un hijo con una mujer que no conoces y que ni siquiera te interesa conocer. Pero para que veas mi buena fe te doy algunos datos que te ayuden a reflexionar: Soy Aries y por tanto sumamente dominante. Sí, además creo fielmente en la astrología y en el socialismo del siglo XXI. Tu familia política está compuesta por un suegro avaro que está absolutamente paranoico de que todos queremos robarle. Bueno, papá tiene algo de razón en ser cuidadoso porque tu suegra, como no consigue sacarle un centavo para sus operaciones plásticas, ya ha sido acusada de estada varias veces por diferentes seguros de salud. Tu futuro cuñado creo que sería el único que te caería bien porque puede conseguirte drogas de diseño a buen precio. Aunque es muy protector conmigo, de hecho creo que siempre ha estado enamorado de mí, y que no le gustaría ver a su hermanita con un heroinómano. Volviendo a mí, no tengo trabajo porque hasta que este condón hizo plush me había ido tan bien con los hombres que no necesitaba más que ir a pilates cuatro veces por semana para mantener la racha. Pero bueno, eso es pasado, ya no necesito romperme el lomo para mantener el físico, ¿cierto? Ese anillo de 14 quilates que me vas a regalar significa cuidados sinceros desde el fondo de tu corazón hasta que la muerte nos separe, así que puedo dejar de lado el ejercicio odioso porque tendré un hombre a mi lado que me ame por mi belleza interior. Hermoso ¿no? Por cierto no quisiera oír nunca más que te han visto en una de esas fiestas pervertidas, agarrándote zorras como la de anoche. Uf… ese vendría a ser más o menos tu futuro.


Escucho a Mikaela mientras se viste y me doy cuenta de cómo su nudo Windsor no es más una de esas baratijas de tirante elástico. De esas que se compran en la tienda de disfraces y no en la de alta costura. Una farsa, un artificio de poca monta sin ninguna elegancia. Se desata y vuela violentamente contra mis ojos, resquebrajando de mi iris tantas secuencias post corazón roto que estaban acumuladas.


Autopista. Cerca de las nueve de la noche. Conduzco lo más bonito que me ha dado la vida: Mi Honda SB2000 amarillo con neumáticos radiales, tablero de madera y sistema de audio Bose con compatibilidad para el Ipod. Sin embargo solo tengo control del volante y del soundtrack de la escena. La voz ronca de Tom Waits canta Romeo is bleeding. Mikaela no me apunta con ningún tipo de arma para mantener activo su control. La bomba ya fue instalada dentro de ella por mí mismo y solo a ella le puede dar la gana de desactivarla. Una munición de material genético tipo comando, que supo burlar las defensas profilácticas de ese escudo lubricante que adquirí de emergencia de un taxista. Mi pelotón avanza triunfante hacia su destino sin que nada pueda notificarlos que su victoria sería la perdición para su país de origen.
Durante el camino Mikaela se limita a darme instrucciones para llegar y cuando suena una canción que conoce la tararea alegremente. Tiene una cierta inocencia que tranquiliza mi paranoia de estar conduciendo quien sabe hacia dónde, guiado por una desconocida zafada que me chantajea con una vida de sagrado matrimonio y las cuotas de colegio de un hijo. Sin embargo, hasta que no vea que se tome esa pastilla seguiré secuestrado por la prueba de ADN.


Seguimos el anillo vial que rodea la ciudad y nos desviamos por un camino que conduce a un barrio industrial en la periferia llamado La Ferroviaria. Solo había escuchado de ese sector en los antetítulos de noticias sensacionalistas. Luego de pasar en zigzag unas cuantas cuadras de fábricas abandonadas y terrenos baldíos, las voces de todos mis conocidos contando historias de secuestros exprés revientan en mi interior. Me pusieron una pistola en la cabeza.


«Burundanga. Me tenían atada. Antes de soltarle le sacaron la puta. Clave de la tarjeta. No quisieron pagar y le mandaron el dedo a la familia ¿cacha?» ¡No puedo ser tan estúpido de incluso conducir como chofer hacia mi propio secuestro! Freno el auto en seco y le digo a Mikaela amenazándola con el dedo que se baje, que se baje en ese instante o que la bajo. Ella me queda viendo perpleja.
- ¿Me tienes miedo?
- No me jodas puta madre, esto es demasiado extraño y quiero que te bajes ya
- Ok, como quieras huevón –dice con convicción- pero sé quién eres, donde vives, donde trabajas y quiénes son tus conocidos, te haré llegar una orden de prueba de paternidad en nueve meses ¿Vale?
- Me importa una mierda, ahora bájate
Apenas cierra la puerta doy retro y acelero. Su figura se empequeñece mientras ambos nos alejamos en direcciones distintas. El barrio se ve desolado. Solo quiero encontrar la salida hacia la carretera de nuevo. Mierda ¿Y si no es una secuestradora ni nada por el estilo? ¿Si solamente tiene que ir a recoger ese dinero donde su hermano? Obviamente ella no quería venir sola a este lugar y no sabía cómo pedírmelo sin que le dijera que no. De seguro le tiene miedo al hermano o algo. Muchas veces las mujeres hacen este tipo de cosas porque se sienten inseguras y arman tremendo melodrama. Aunque le doy crédito porque en realidad jamás habría venido aquí si me lo pedía por favor. No soy un mal tipo pero fuck the people.


A estas alturas debería estar en camino para la cena del Juanjo. ¿Cómo me meto en estas cosas? Debería hacerme un nudo Windsor en la verga para evitarlo. No había reflexionado ni siquiera mi decisión cuando mi pie frenó impulsivamente y mi mano cambio la marcha a primera. Maldita caballerosidad, me digo con un cierto orgullo de creerme un caballero de reluciente armadura que va en rescate de una dama. Mikaela estaba a unos cien metros de donde la deje y caminaba a paso rápido. Abrí la ventana del copiloto y le pedí que entre por favor. Ni siquiera me regreso a ver. La conquista había comenzado de nuevo y mi adicción por cambiar la indiferencia en amor se prendió como siempre de forma descontrolada. El alquimista que debe convertir el acido en miel. La adelante un poco y me baje del auto. Me olvidé de la burundanga y mi miedo fue remplazado por el orgullo de no aceptar un no como respuesta suya. Tuve que rogarle para que me deje llevarla y mentirle de que mi paranoia es porque mi hermano fue secuestrado hace un mes. Con lágrimas en los ojos al recordar el fraternal momento de su liberación accedió a parar de caminar. Listo, victoria. Las lágrimas de los hombres son bombas lacrimógenas para las mujeres. Finalmente aceptó volver al auto aunque me advirtió que me dejara de estupideces de ahora en adelante. Una vez que se subió y mi orgullo sació su hambre de conquista, volví a preocuparme por la extraña situación que acababa de sacar de la tumba.


Unos quinientos metros después, llegamos a la entrada de un complejo de grandes galpones.No había guardia y la puerta estaba cerrada. Solo había un letrero oxidado, medio caído, que decía Transportes Gran Torito. Bajamos del auto. Dentro del complejo había unos 7 galpones de diferentes tamaños. Mikaela caminaba con seguridad entre la oscuridad y yo todo lo contrario.
Nos acercamos a uno de mediano tamaño que se veía en mejores condiciones que el resto, al menos no tenía sus ventanas rotas y había una ligera luz en su interior.
-Quédate aquí un rato corazón
Empujó la pesada puerta de metal y el silencio tomó el ritmo punzante de la música electrónica que se escuchaba lejana desde adentro del galpón. Se cierra la puerta y los bajos saturados del tecno desaparecen. Qué lugar tan fuera de la realidad y que situación tan adaptada al lugar. La curiosidad me llama a buscar una ventana accesible para espiar dentro del galpón, mientras que el buen juicio me dice una vez más que me largue de ahí y corte esta locura antes de que termine en una demencia crónica. Le hago caso a medias como siempre. Vuelvo al auto y comienzo a navegar por internet en el Ipod, buscando como siempre la salida más difícil y estúpida.


www.despegando.com > Donde Reside > Vuelos > Ida y vuelta > Ciudad de Origen > Ciudad de Destino > Fecha de Partida > Fecha de Regreso. BUSCAR VUELOS


La competencia entre Lan y Continental comienza encarnizadamente por las mejores ofertas. El silencio es tan profundo que solo puedo escuchar el cerebro del Ipod y el mío procesar sus respectivas informaciones. Ninguno de los dos llega muy lejos, ninguno llega a dar resultados que sirvan de algo porque todo se interrumpe cuando Mikaela golpea el vidrio del auto. Lanzo el Ipod hacia el asiento trasero como esa vez que el inspector del colegio me encontró con una revista porno en el recreo y la arrojé hacia un grupo de niños que jugaban a la ronda. Los rapaces se abalanzaron hacia la presa y a mí me suspendieron. Como Mikaela no entra, supongo que debo salir yo. A su lado está una mujer de cabello negro y lizo. Esta vestida de esa manera extravagante que uno solo ve en los anuncios de una revista de moda tipo NYLON. La sospecha constante contra el triangulo amoroso compuesto por la belleza extrema, la publicidad y el Photoshop le hace a uno suponer que ese tipo de mujeres no existe. Que ese tipo de realidad no existe. Aunque todos aspiremos y luchemos por ese Paraíso de nubes de neón. Lo virtual es una sátira de lo ficticio.
Todo este análisis medio cretino creo que se da en tiempo real porque al salir del trance ambas me miran con extrañeza.
- Ella es Natasha -dice Mikaela finalmente- a la espera de que me acerque a saludar al recorte de afiche
Galpón. Pasada la media noche. Quienes sospechen del mencionado triangulo amoroso,
deberían dejar de ser paganos y mirar dentro de este galpón. Es el Vaticano del neón dulce y confortable. Llamen al Cielo como quieran, de cualquier religión o secta, estoy seguro que en el imaginario actual se parece a esto. Piensen en algún anuncio a página completa de Calvin Klein.
Con el tipo de musculatura híper definida, sin camisa, quien es escalado por un par chicas en estado salvaje con expresión de novias de Drácula. Todos aceitados, todos perfectos en sus jeans apretados, e incluso adquieren el adjetivo ‘artístico’ por publicar la fotografía en blanco y negro ¿Lo tienen en mente? Posiblemente yo no me vea tan bien como el modelo pero… ¡qué importa! Me siento como él, lo único que vale en realidad es que uno crea que lo es. El realmente ser ya pasó de moda. La maravilla de la realidad virtual auto gestionada.
Champagne, mucho champagne, mezclado con un adictivo extracto de cerezas que bailan un suave y sensual tango en mi boca antes de tragarlo. Las mejores fiestas son donde no falta ni sobra nadie. Tres es el número mágico. Los beats de la música electrónica marcan el tempo acelerado donde aparecen flashes de piel y líquido. El palacio de veraneo para el imperio de los sentidos. La póstuma orgia romana reloded. Esas dos últimas frases no tienen sentido… Al menos si no se está experimentando un nirvana alcoholico-sexual-narcoestimulante. En este estado la propiedad en el lenguaje deja de ser una prioridad.


Mikaela emana una seguridad enorme de sí misma, está en control de todo, como si portara una Kaláshnikov colgada al hombro. No puedo imaginarla más en la carroza de caballitos llegando a la iglesia. Empuja constantemente a Natasha para que se aleje de ella e interactúe más conmigo pero ella parece estar dividida en dos. Se limita a lamer el champagne de mi cuerpo pero mantiene un cerco alrededor de mis labios. Cuando la ve dudar, Mikaela se abalanza sobre mi boca. Por un segundo cruzo miradas con Natasha y noto una ligera incomodidad maquillada por su sólida expresión de modelo. Su cuerpo está ahí dispuesto a ser tocado pero sus ojos parecen estar obligados a permanecer en la escena y nos miran ofendidos.
Es solo un parpadeo pero se siente descubierta, desnuda por primera vez, su expresión cambia de nuevo a la de una chica Calvin Klein y se lanza a probar el champagne con sudor. No me importa y trato de sumirme en mi paraíso de cerezas pero no puedo dejar de notar que las miradas entre ellas se hacen más constantes y la paranoia que se encontraba borracha se levanta de forma alevosa tratando de golpearme. Mikaela lo nota y se esfuerza por devolverme al estado de placer, pero sus intentos solo acentúan mis miedos, ahora acelerados por la dosis de heroína. Trato de hablar pero solo sale un balbuceo, un ladrido muerto. Intento otra vez, más lento, pero no es nada entendible o si lo fue, no les interesa entenderme. Quiero buscar una excusa para salir al auto y escapar. Imposible. El lenguaje dejó de ser una prioridad, las palabras solo hacen eco en los muros perturbados de mi cabeza. Están encerradas y se torturan a sí mismas. Mover mi cuerpo resulta una tarea colosal, peso 400 libras en ese momento.


Hago mi máximo esfuerzo y apenas puedo levantar el brazo para agarrar por el cuello a Natasha pero se lo quita de encima fácilmente con un manotazo. La marea de champagne y pastillas mecen mi cabeza hasta que cae hacia atrás sin resistencia. Siento que se aproxima el desmayo.
Las chicas se dicen algo que ya no alcanzo a escuchar. Mis parpados se cierran como un telón y por la rendija puedo ver que se levantan y buscan algo en sus bolsos. Pantalla a negro. Abro los ojos. Natasha tiene una pastilla azul en la mano y Mikaela me sostiene la cabeza hacia atrás.


Trato de resistirme pero no hay forma, Natasha mete la pastilla y Mikaela me la hace tragar a la fuerza, apretándome las mandíbulas. Pasan unos minutos mientras ellas discuten con vehemencia yo permanezco en el limbo como un espectador descerebrado. Mikaela es la última en mover los labios, la discusión termina finalmente y ella tiene la razón. Le da un beso dulce a Natasha, quien mira al piso resignada, y comienza vestirse. Solamente puedo sentir que una fuerte erección me viene de repente. El resto de mi cuerpo está inerte. Natasha alza la mirada luego de unos minutos, tiene lágrimas de furia. Se acerca hacía mí con una expresión
parca en su rostro. La incomodidad que antes asumí en sus ojos ha mutado a su verdadera forma de menosprecio. Se sienta sobre mí, dándome la espalda, y usando mi única parte viva, comienza a moverse rápidamente. Nadie siente placer. El sexo en su polaridad desconocida, depresivo y mecánico. Si el amor puede hacerse físicamente, Natasha me demuestra que también la repulsión. Ambos tenemos asco del otro, pero yo no tengo voz. No soy parte del acto, solo un consolador a violentado que además es humillado con la facultad de mantener los ojos abiertos. Quiero vomitar. El orgasmo es desagradable. Me hace desmayar.


Despierto en el asiento de mi auto, estacionado cerca del hotel de hace dos noches. El olor en mi ropa a champagne rancio prueba que lo que pasó fue real. No falta nada en la billetera, ni dinero ni tarjetas de crédito. Alguien puso un preservativo nuevo en su interior. Una broma cruel. Sobre la pantalla del Ipod hay una nota de agradecimiento: “A uno de ellos le pondremos tu nombre, Gracias por todo”. Una sensación de suciedad me recorre la espina. Una sensación irreversible.

La Reina

Por Takeko Jones

Al parecer, parecerse no es nunca lo suficientemente parecido a ser autentico y no parecerse a nada.
La mirada, o más bien en la mirada. Ahí hay algo, medio coqueto medio sufridor, lo cual nunca llega bien a mimetizarse. Aunque coquetee y sufra como un condenado. Imposible emular la original. Por eso las mujeres sólo me gustan cuando mantienen los ojos bien cerrados. Los parpados son mucho menos fascistas, no nos segregan por nuestra génesis, confundida de fábrica. En el Cielo, o donde coño sea que se defina el género de un nuevo ser, trabaja un inspector de espíritus que debería ser despedido por negligente.
Ojos, espejo del alma. A la mierda ¿Y si se tiene un alma franca de mujer? Cómo se puede poseer una autentica mirada femenina mientras todavía te están colgando los huevos como un cascabel, recordándote el hilacho de hombría que no se puede quitar en cada paso que das. Perdón por el lenguaje tosco, pero las mujeres también nos echamos pedos en privado, y esta es una plática privada mi amor.
Propongo un intercambio. No. No el que hago cada noche, no sean básicos. Uno en grande, uno necesario, donde todos ganemos y solucionemos nuestras afligidas limitaciones.
Propongo: Yo le doy mis huevos a Dios a cambio de que él me quite esa costilla que me sobra.
Por más que me esfuerzo por pecar sobre sus mandamientos pareciera que nada es suficiente como para que me expulsen de este cuerpo. Eva solo se comió una manzana y ya. Golfa pueril. Otra prueba de que Dios o ya no merodea por aquí o como insisto, le falta lo que a mí me sobra: Huevos.
Un cirujano ofreció sacar mis bíceps y ponerlos en mis glúteos para que se vean tonificados. Ya imaginaba como los hombres iban a fantasear por la noche luego de ver ese culo de acero. Iban a calentarse tanto al recordar mis pasos que luego tratarían de montarse a su mujer, pero al momento de agarrar esas carnes flácidas todo se les vendría abajo.
Tuve que decirle que no. A la final soy responsable y una mujer siempre piensa en el futuro. Tenemos un instinto de preservación natural. Sin eso la raza humana ya habría desaparecido, ingratos. Si pierdo mis bíceps como voy a levantar costales durante el día para pagar las cuotas de la operación. Necesito un marido que me mantenga, y para eso necesito mi culo de acero.
Decisiones cada día.

Tengo la fuerza para ser mujer e incluso madre. Puedo dar a luz una dulce esperanza con todo el dolor que requiere su parto y luego amarla por sobre todas las cosas, por más decepcionante que llegue a ser el resultado al pasar los años. ¿Qué mas prueba que eso?
Ser bicéfalo por indecisión no paga y menos si se es gordo y feo. No todos los que nos sentimos hermosos dentro de un abrigo de ming al parecer lo somos. Una vez vi una foto de mí metido, feliz de la vida, en uno de esos abrigos. Era negro con rojo, sublime y un corsé de látex café oscuro. Hermosísimo. Hasta pusieron esa foto en una exposición que se llamó TROCOCO (Travesti y Rococó). Llego la invitación a mi casa. Era la primera vez que mi buzón recibía una carta a nombre de Delphine François. El espíritu se me revitalizó. Me sentía tan orgulloso que quería llamar a mi padre a chismearle todo. Pero una mujer siempre sabe esperar al momento correcto, y en este caso será cuando él esté tres metros bajo tierra. Igual voy a llevarle una lindas broméelas a la tumba para que se le pase la bronca que le va a dar cuando le diga.
Fue la primera vez que me dejé lucir ante un público masivo. Pensé en llevar el abrigo de ming pero no quería que piensen que era el único atuendo fino de mi guardarropa, aunque sí lo era. Me lo robé de la casa de mi abuela hace años, pero el rojo se lo pinté yo. Caminaba por la exposición con el paso ligero que una diva debe tener. Me miraban y sentía la envidia alrededor. Refrescante. No fui directo a buscar mi retrato, aunque moría de ganas de oír los comentarios de alrededor. Ojee uno por uno con calma. La mayoría se veían muy artísticos. Llegué a uno grande y enmarcado con pan de oro, de primera mirada lo encontré burdo, pero gracioso. Al punto que me reí un poquito para mis adentros de esa loca gorda y con cara de putísima que se relamía las mejillas frente a mí. Luego me reconocí y me dieron arcadas.
El fotógrafo me pedía que le hiciera el amor a la cámara. En ese estudio yo me sentía la diva más lujuriosa del planeta. Me adentré en un personaje aparte, que no sabía que residía en una habitación escondida y bajo llave de Delphine. Ponle una máscara a un hombre y te dirá la verdad. Ponle dos y se volverá su propio Dios.
Y como deidad, me di cuenta que soy putero como Zeus. Me abalancé al fotógrafo para hacerlo mío y me noqueó con su cámara. A los hombres nunca hay que decirles que sí a la primera ni dejarles ver que nos encantan. Error de adolescente, lo asumo.
No debí ponerme tanto rimel.
¿No es el don más maravilloso de la mujer despertar la belleza? ¿Y el de nosotros? Tratar de caminar lenta y dolorosamente hacia esa belleza con un bastón entre las piernas.
Mis cuerdas vocales no tienen forma de maquillarse. Por eso cuando un hombre guapo me habla siempre le digo que sí con la cabeza.

Trespiés


Por Takeko Jones


Y bueno… yo solo estaba aquí, más bien ahí, en esa esquina, sentado, leyendo
Día tras día me paro por los alrededores y espero.
Qué va, yo no soy ningún héroe.
Miro pasar a la gente, los que entran y salen del banco, todos apresurados, recelosos de lo que llevan encima. Nunca despego el ojo de la entrada. Uso unas gafas grandes.
Lo mismo que le contaron los guardias. De repente hubo un tiro y me asusté como cualquiera.
He venido cada mañana desde hace 17 días.
Un tipo corriente nomás, que estaba en ese lugar de pura coincidencia.
Cada noche salgo a correr piques rápidos y cortos.
Lo pienso y una parte de mí lo considera una estupidez, una locura.
Antes me asomaba por ahí apenas abría el banco, pero luego me enteré en un diario que la mayoría de asaltos ocurren al medio día.
Podrían haberme matado claro… eso no lo pensé en el momento, solo actué, fue un instinto más impulsivo.
Me excita cada vez que veo pasar a dos tipos en una moto y bajan la velocidad al pasar por frente de la puerta. Nos ven y nos analizan. Y yo a ellos.
Dejemos lo de héroe… por favor, un ciudadano más, eso es todo. Alguien harto como cualquiera de que esta gente nos haga vivir esta especie de terrorismo urbano. Esa sensación de frustración supongo que fue lo que me hizo actuar.
Cuando escuché el disparo yo ya estaba esperándolos, escondido, detrás de su moto. Me sudaban las manos.
Mire, no es que mañana voy a ir a Creaciones Imperio a comprarme un traje de Batman.
No eran ni siquiera corpulentos. Corrían con una bolsa, agitándola como niños que salen desesperados del último día de clases
O sea, míreme… no soy tan alto, jamás hice artes marciales ni nada de eso. De hecho, este es el primer enfrentamiento que me ha pasado en la vida.
Los guardias ni siquiera trataron de levantarse del suelo. No iban a arriesgarse por los miserables 200 dólares que ganan. En sus miradas fracasadas casi se podía notar la envidia que les tenían a los ladrones mientras huían de su lugar de trabajo.
Herido, tanto así no… bueno sí un poco maltrecho. Me dieron un par de golpes, ¿ve aquí? Ah y este corte en la ceja, que se ve feo pero no creo que sea nada grave.
Un asalto es como un cuadro de película paralizado. Sin sonido. Todos los actores secundarios padecen de pánico escénico. Solo los protagonistas mantienen el ritmo de la acción.
No. Yo soy de acá. El acento es porque volví al país hace poco, estuve viviendo afuera por años… y me encuentro que todo está diferente, inseguro.
Entonces todo cambia, uno de los tipos tropieza, el otro sube a la moto y arranca, dejando a su compañero atrás.
No jaja, qué preguntas me hace. Soy soltero, sin novia ni perro que me ladre jaja. No he tenido tiempo ni para salir a un bar. He estado ocupado con eso de insertarme de vuelta acá y sacar adelante mis trabajos.
Cuando la moto pasa por mi lado, me impulso en el capó del auto y le doy una patada recta, con fuerza. Siento con el pie como se le hunde la costilla. La moto comienza a perder equilibrio con la velocidad, el tipo trata de retomar el control, da unas cuantas curvas forzosas hasta que resbala. La moto se desliza hasta golpearse con un contenedor de basura.
Yo soy pintor…
El de la moto queda en el pavimento inmóvil. Su pasamontañas está rasgado y manchado de sangre.
Bueno estoy buscando donde exponer mi trabajo… como le digo estoy recién llegado y hay que darle tiempo al tiempo
Queda uno. Corre hacia mí aturdido. Tiene pánico escénico, dejó de ser un personaje protagónico, su papel en la escena está definido. Un golpe cruzado en la sien, con la mancuerna, y el pobre se desparrama sobre el Honda Civic que me hacía de guarida. No tuve que hacerle nada más. Solo volver a mi esquina y esperar la resolución luego del clímax.



Sergio Landetta, un héroe inédito
Diamantes recuperados por un ciudadano ilustre
El pintor justiciero
El artista que le dijo basta a la delincuencia


Entrevistas, titulares, crónicas, artículos y hasta editoriales de opinión. Toda la ciudad hablaba de mí. Mi actitud de que-me-importismo con el reconocimiento que todos se lanzaban a otorgarme los alucinaba. Mi fama simplemente bullía. Las empleadas domésticas suspiraban hombro con hombro junto a sus patronas cuando la radio me mencionaba. El trabajo que la policía no cumple, que los políticos ofrecen en vano solucionar, lo tuvo que realizar un pintor con sus propias manos, dejándose maltratar su linda cara con ojos verdes. Ese era el vox populi. El pintor, el artista… vaya figura recurrente para conquistar chicas y funcionada de igual manera para enamorar a una ciudad. Cautivaba, le daba un plus de misticismo al personaje público. La televisión me adoptó como su hijo favorito y las revistas de mujeres comenzaron la búsqueda del santo grial para conseguirme una novia que esté a mi altura. ¡¿Cómo el héroe pintor más famoso de la ciudad podía estar soltero?!
Poco después llegaron las llamadas de las más recatadas galerías, de los ansiosos agentes, de los curadores curiosos por tomar un café bohemio conmigo y hablar sobre el avant-garde… todos me querían, me necesitaban con hambruna para revitalizar sus exposiciones… para convertirlas en un mega evento pop. Rechacé mostrar mi trabajo. Me resistí a las jugosas ofertas. Lo único que aprendí de economía alguna vez en el colegio, fue su única ley tangible por los mortales visibles: oferta y demanda.
Esperé que los medios y el boca a boca maduraran la fruta lo suficiente y antes de que se comience a podrir, acepté hacer una mega exposición. El evento más exclusivo que la ciudad habría visto en la última década. Nada de afiches ni anuncios ordinarios. Solo se mandó invitaciones a la creme de la creme. Aquellos que podían apreciar el arte de un héroe. Aquellos que podían pagar el arte de un héroe. La condición irrevocable que pedí, fue que no mostraría mis cuadros hasta el día de la exposición. Una petición que para cualquier otro le habría representado un escupitajo en la cara por parte de los organizadores.
El champán agilitaba las lenguas y un remolino de channel inundaba el ambiente. Se apagaron las luces. Nastassja Gouyèvre, mecenas del arte local y dueña de la galería, leyó un texto descriptivo sobre el concepto y axiología de mi obra, que yo mismo escribí minutos antes:

Los trazos reflejan el iris escondido. Los colores, el transito de sueños infantiles que son decapitados por el transito matutino. El olfato es la herramienta más visual que existe. Los ojos están contaminados desde que se nace. No se pinta un cuadro con adultez sino con la ilusión de hacer real un universo más fantástico. A la crudeza solo la hace reflexionar la inocencia. La línea más simple limpia el espíritu urbano sofocado de demasiados productos sobre diseñados. Dejen que la obra de Landetta los pasee por un lugar que no han visitado desde su niñez.

Sensible y heroico, me habían llamado en una popular revista chic. Una mezcla perfecta de la que todos querían un pedazo. Y ahora podían adquirirlo. Los hombres más ricos de la ciudad caminaban con cara reflexiva por la galería, haciendo números, calculando inversiones. Sus mujeres acercaban el ojo para ver con detalle los trazos o como decían ellas: para degustar las texturas, que son en sí una obra aparte. Había un par de críticos de arte, que detrás de sus grandes lentes Guess se lanzaban miradas agudas mientras se susurraban al oído, lo pavoroso que les resultaba ver mi obra populista. Me calificaron de petimetre y botarate.

Esa misma noche vendí 300.000 dólares en cuadros. Irónicamente el mismo valor de los diamantes que rescaté. Un gran éxito. Al día siguiente volví a Uruguay. Mi hogar de los últimos 7 años. Le pedí al taxista que me lleve por la rambla, el verano se acercaba y la gente ya adornaba los atardeceres en la playa. Llegué a la Ciudad Vieja, abrí la puerta de casa y me encontré frente a frente con Benjamín, mi hijo pequeño. Tiene 5 años y unos ojos llenos de chispa, como los de su madre. A penas me vio salió disparado a su habitación y me trajo un manojo de papeles que se le caían por todos lados. Buscó entre todos y me mostró con orgullo el que decía era su mejor cuadro. Lo vi y me gustó.
Lo senté en mis rodillas, y le pregunté: ¿Cómo se llama, Benja?
El trespiés, me respondió. Es como un ciempiés pero que se dio cuenta que no necesitaba tantas patas para caminar por la vida, solo dos para avanzar y una para cuando tiene que irse para atrás. Podrías ser un filósofo existencialista Benja.

El trespiés. Seguramente podré venderlo por unos $50.000 cuando vuelva a la ciudad. Mientras Benjamín termina de pintar unos cuantos cuadros más, voy a tomarme unos días para ir a la rambla del Puerto del Buceo y comenzar a escribir un nuevo guión.













Una cicatriz que fluye por la sangre

Hablo con mi resentimiento. No es una plática agradable, ¿sabes? Hay mucho en ti, pequeñas y grandes cosas. Es como una guarida de serpientes, de todo tipo, de todos los tamaños, las más diminutas son las más venenosas. Esos detallitos, ¿sabes? Esas palabras que uno nunca llega a superar, tal vez solo sean solo una o dos, pero están ahí, moviéndose silenciosas, como una cicatriz que fluye por la sangre y no tienes idea por cual poro saldrá para gritarte solamente a ti: aquí estoy, aquí estoy ¿me recuerdas?

Se supone que las cosas pasan, se van, que el tiempo sabe lavar las heridas, que por debajo de los puentes pasa el agua ¡Pero qué mentira tan obscena! Tú sabes ser un poco más cruel que eso. Es mejor quedarse callado. Solo que por sentir esa fría sensación de impotencia en las manos sudorosas. Ese nerviosismo insufrible de quien quisiera responder con madurez, pero sabe de antemano que está dominado, paralítico en su propia reacción explosiva, reacción antagónica contra nuestra última trinchera de dignidad.

Mira, ahí está ella. La mujer. La que te alimentó en tantas ocasiones, de maneras tan jugosas. Dale una buena mirada. Obsérvala ahí, cagada de miedo, amarrada contra esa silla horrorosa que ella misma trajo de la tienda de antigüedades donde luego supe que se encontraba con su amante pervertido. Qué clase de mente enferma se reúne con una amante donde en la tienda de un anticuario bautizado Canuto. Seguro era un necrófilo negado. En fin, como te decía, ahí está ella sin poder ver nada a su alrededor, a mi disposición… perdón, sí tienes razón, también eres protagonista en esto. A nuestra disposición. ¿Pero qué sacamos de todo esto? le corto una oreja, le arranco las uñas o cualquier cosa de ese tipo y ya está. Es instantáneo. Siempre sabrá donde esta la herida y como ocultarla. Siempre podrá pedir un préstamo de hipotecario para repararse en alguna clínica bogotana. No, yo quiero justicia de la buena. Quiero que ella tenga una relación con su propio resentimiento tal como yo la tengo contigo, así, cercana y calurosa.

Creo que voy a dejarla ir. Eso es lo mejor, por ahora ¿sabes? No, no me están sudando las manos, pero tal vez es mejor preparar algo para cuando vuelva a su casa y crea que todo esto haya terminado…es una excelente idea, maquiavélica, una venganza prolongada, tal vez hasta de años, como en una novela policial, imagínate convertirme en un sicópata que la atormente invisiblemente por cada momento de su vida, acosando cualquier intento de felicidad, esa sí sería justicia de la buena, volverla victima eterna de un terrorismo personalizado, un estado de sitio imprevisible que … o tal vez tienes razón, quiero dejarla ir porque le temo tanto como desde el primer beso. No puedo enfrentarme a ella ni tampoco a ti, no puedo ni siquiera separarlos en dos cosas diferentes. Resentimiento y Mujer.

Escuché que lo mejor es dejar que el agua pase por debajo del puente, pero aquello no funciona cuando lo que pisas por debajo es un pantano sin corriente ni intención de moverse.

Hay que tener bolas al menos una vez en la vida de poner la pistola en la sien y recuperar la dignidad.

X sale del galpón, camina lento, con paso hipnotizado, parpadeos inconstantes. Saca de la guantera del auto de ella un pequeño revolver viejo de colección, comprado en la tienda del anticuario, un regalo de ella en el pasado San Valentín.

- Por si te dejo de amar alguna vez dijo ella en tono de broma cuando se lo dio.
- Ojalá venga con dos balas entonces, le respondió él también riendo

Chuquicamata


- GHU-2694, es la patente correcta, camioneta 4x4 Toyota todo terreno con los logos de Codelco al costado…

- ¿Revistaste el interior?

- Sí, están los documentos de identidad del caballero, es el esposo de esa señora morenita que vino a la comisaría antes de ayer a denunciar su desaparición. Nos dejó ese porta retrato de él que sale con una guagua.

- Le dijimos que traiga otra foto donde apareciera solo su esposo, para que no fuera tan confuso al pegar el aviso por la ciudad. ¿Dónde habrá quedado el torso?

- Desintegrado. Se puso por lo menos dos kilos de explosivos en el cuerpo.
class="MsoNoSpacing" style="text-align: justify;">- Y uso dinamita de la empresa… la dinamita que pagamos todos los chilenos. -- Por lo menos a la camioneta solo hay que lavarle la sangre y queda flamant.

“Vengo al desierto, a cometer este acto cobarde de abandono, me odio por hacerlo, pero tengo que irme de esta mierda de oscuridad infinita. Perdóneme ambas.”

- ¿Alguna otra evidencia?

- Esta carta que estoy leyendo Jefaso, estaba en la guantera, el tipo estaba en la última, dice que no podía más con la angustia, con la persecución, ese tipo de cosas y luego habla de puro asunto raro que habría que preguntarle a la esposa mejor... porque no entiendo si el móvil del suicidio es porque la mujer le ponía los cachos o porque se pudrió de la vida de minero.

- Mineros tontos, siempre se terminan matando de alguna forma extrema ¿no saben que la depresión está cubierta en el Auge? ¿Encontraron la cabeza?

- Solo la parte parietal y la occipital.

- Bueno toma una foto y se la pasas a los medios, pero solo de la camioneta bañada en sangre, no quiero que la esposa vea el cuerpo tan destrozado… aunque tal vez se merece cargar con esa imagen la muy puta, ya le preguntaremos.

- Son todas unas putas Jefaso.

Ejercicios de estilo de Raymond Queneau mas una versión propia

De Queneau:

Relato

Una mañana a mediodía, junto al parque Monceau, en la plataforma trasera de un autobús casi completo de la línea S (en la actualidad el 84), observé a un
personaje con el cuello bastante largo que llevaba un sombrero de fieltro rodeado de un cordón trenzado en lugar de cinta. Este individuo interpeló, de golpe y porrazo, a su vecino, pretendiendo que le pisoteaba adrede cada vez que subían o bajaban viajeros. Pero abandonó rápidamente la discusión para lanzarse sobre un sitio que había quedado libre. Dos horas más tarde, volví a verlo delante de la estación de Saint-Lazare, conversando con un amigo que le aconsejaba disminuir el escote del abrigo haciéndose subir el botón superior por algún sastre competente.


Vacilaciones

No sé muy bien dónde ocurría aquello... ¿en una iglesia, en un cubo de la basura, en un osario? ¿Quizás en un autobús? Había allí... pero, ¿qué había allí? ¿Huevos, alfombras, rábanos? ¿Esqueletos? Sí, pero con su carne aún alrededor, y vivos. Sí, me parece que era eso. Gente en un autobús. Pero había uno (¿o dos?) que se hacía notar, no sé muy bien por qué. ¿Por su megalomanía? ¿Por su adiposidad? ¿Por su melancolía? No, mejor... más exactamente... por su juventud, adornada con un largo... ¿narigón? ¿mentón? ¿pulgar? No: cuello; y por un sombrero extraño, extraño, extraño. Se puso a pelear -sí, eso es-, sin duda con otro viajero (¿hombre o mujer?, ¿niño o viejo?) Luego eso se acabó, concluyó acabándose de alguna forma, probablemente con la huida de uno de los dos adversarios.
Estoy casi seguro de que es ese mismo personaje el que me volví a encontrar,
pero ¿dónde? ¿Delante de una iglesia? ¿Delante de un osario? ¿Delante de un
cubo de la basura? Con un compañero que debía de estar hablándole de alguna cosa, pero ¿de qué? ¿De qué? ¿De qué?


De Bourage:

Comentarista deportivo

El minutero pega ya el medio día, el árbitro mira su reloj, buena asistencia en el bus metropolitano, el escenario está prácticamente lleno para el clásico, el Cuellilargo Benítez está parado, concentrado, viste sus tradicionales colores llamativos, aunque creo ver desde aquí que le falta un botón en la chaqueta… Comente Pepe

Así es mi estimado Poeta del Gol, parece que su entrenador se preocupó más en darle las últimas recomendaciones tácticas a su sombrero, reforzando la línea de tres, con ese coqueto cordón que le cuelga para hacer más pressing ofensivo…

El árbitro dice: jueguen muchachos y la acción comienza por parte del veterano Chico Álvarez, dueño y señor de estas canchas, castiga con potencia las costillas del Cuellilargo, usa los codos como si fueran guadañas, una y otra vez, miren que combinaciones, es un mooonstruo. Benítez parece atrapado, no reacciona, otro frenazo de la maquina busetera y se gana un nuevo pisotón por parte del Chico. Su experiencia en este tipo de superficie le da ventaja… Comente Pepe

Exasperado, frustrado, derrotado, fieles oyentes esos son los adjetivos que me vienen a la mente para definir a Cuellilargo en este round, que no ha mostrado reacción alguna ante un contrincante malicioso y enfocado que ha salido a buscarlo desde el pitazo inicial.

¡Tiró la toalla! No lo puedo creer, una vergüenza deportiva nunca antes vista en este rodante escenario urbano, Cuellilargo abandona y se refugia como una liebre asustada en un asiento libre. Parece que eso es todo por la velada queridos oyentes. Los invitamos a escuchar la rueda de prensa que se dará en la estación Saint-Lazare.

Monologo de una casi viuda a.k.a reflexiones de una Bitch.

Una habitación de hotel cuatro estrellas. Sobre la cama King Size, Marian se encuentra recostada contra el espaldar, desnuda, cubierta hasta el pecho por la sabana y observando fijamente con frustración y desdén al bulto humano que está a su lado inanimado.

Marian: La puta madre, este viejo está tieso como un tronco. Da un largo soplido La reputa que lo parió, creo que se murió. Se le ve muerto, pero tiene como 80 años igual, si hasta cuando se embute cucharadas de yumbina, como si fuera una yegua frígida, se le ve medio muerto. Alza la cabeza y olfatea el aire como un sabueso Y tampoco le he oído echarse ni un pedo hace rato y siempre está echándose pedos el viejo puerco, es flatulento como él solo, seguro ahora sí colapsó el muy hediondo. Por dios, hasta a una mofeta se le saldrían las lágrimas si tuviera que oler ese baño después del festín de frijoles y chile con el que se atragantó anoche. Aprieta el puño alzándolo a la altura de su cara ¡La que me parió! ¿Quien me manda a culiarme al viejo un día antes de la boda? Se toma la cara con ambas manos ¿Y ahora que hago con el vestido…? Toma la sabana y se levanta el busto Puta que se sentía rica la tela de los encajes y me daba un potente escote, que desperdicio. Todos los vejetes iban a quedar deshidratados de tanto babear. ¡Uf! que le salió caro el vestido al viejo, debí haber comprado dos, nunca está de más tener uno de reserva, especialmente ahora, que parece que se murió el novio y justo un día antes de la boda. ¿Cómo me puede pasar esto a mí? Y yo que quería que esos gemelos nietos del viejo me vieran con mi vestido matador, siempre me han mirado con ganas ese par de pervertidos, igual les enseñaría un truco o dos para que todo quede en familia. ¿Pero que familia? Si ya se murió este inútil, cretino, lerdo. Da un gritito contenido mirando furiosa al bulto ¡AGGH! ¡Que mala puntería tiene la muerte! Dos días, dos días más, y yo misma le hubiera abierto la puerta a la puta muerte para que se lleve a este sarnoso, pero no. Tuve que abrirle una pequeña ventanita con anticipación y ya se coló por ahí la perra aprovechada. ¡Que soy pelotuda! Viejo mañoso, por qué le di la puntada un día antes de la puta boda… Una pelotuda es poco para lo que soy… ¡soy una tremenda boluda! Era cosa de verlo, oírlo, palparlo, si a los dos minutos de empezar ya hacía ruidos de animal moribundo y le daban arcadas epilépticas por el esfuerzo sobrenatural que le significaba a este cadáver tratar de hacer un paupérrimo misionero. Imitando con desprecio mientras hace una mueca ¿Se siente rico mijita? Viejo cabrón, si con una pila Triple A me puedo venir mil veces mejor. Saca la lengua con asco Puta que tenía gusto a caducado este carcamal, era como lamer un abrigo de piel empolvado en el ático desde hace siglos ¿Tendré un Mentos en el bolso? Puag… creo que todavía tengo un pelo entre los dientes, ahí lo siento en la muela del fondo, cosquillando mis encías. Puta que estaba peludo el viejo y olía a agua ras. Que manera de tener plata y no tener clase, cómo va a usar agua ras. Pero ni con ese veneno se camuflaban sus pedos. Quedaba oliendo como a esos baños de bus popular, donde caga todo el mundo y le ponen ese desodorante ambiental barato… pero que asco. Se da la vuelta y le habla directamente al bulto Bueno, para eso te ibas a casar conmigo, para verte con un poco más de clase, ¿CIERTO? Para poder presumir en tu club de billar y agarrarme el culo en frente de todos, ¿NO? Para sentirte dominador y patriarca, para sentir que alguien depende de ti, para tener constancia de que aunque ya no puedes ni caminar derecho, puedes poner todavía a una hembrita en cuatro patas, ¿AH? De verdad te lo digo; tu y esos dinosaurios amigos tuyos, que andan colgándose minitas jóvenes del cuelo como si fueran joyas caras, se ven MUY ordinarios. No saben cuanto nos reímos de ustedes a sus espaldas. Todos los viejos que salen con minas jóvenes se ven tan patéticos… Reflexiona. Menos Jack Nicholson, ese si no importa lo viejo que este, siempre esta bueno. Claro, obvio, porque Jack tiene clase de pies a cabeza y este viejo no, es un viejo feo y corriente. Se acerca lentamente al bulto y lo observa con detenimiento a poca distancia Míralo ahí, esa piel reseca como lija que cuando suda se engrasa como una fuga de petróleo y ese olor a naftalina, ¡¿PERO QUIÉN SIGUE USANDO NAFTALINA EN ESTOS DÍAS?! Claro, solo este viejo. Jack seguro que no usa naftalina. Reflexiona. Yo saldría con Jack sin dudarlo, aunque mejor saldría con Sean Penn, esa cara de malo que tiene… me mata. Como me gustan los tipos malos. Se muerde los labios Mmm… tengo que mandarle un mensaje a Luigi, con ese aire de italiano mafioso, papito rico, mijito. Sale del trance y mira con decepción al bulto cabizbaja Y este viejo… ni cara de malo tiene. Este tiene un aire…. como de Santa Claus de supermercado de ofertas. ¡Ay¡ tengo que ir a ver qué ofertas hay en Zara antes de que la familia del viejo me corte la tarjeta de crédito, el otro día quería comprar unas blusas preciosas de otoño, pero el viejo estaba con una de sus andanadas de pedos y nos hubieran echado a patadas por tóxicos, viejo puerco. Me vendrían bien unas botas de cuero cafés con esa blusa y seguro que tendré que ir donde Mario para que me cambie el estilo de corte, algo más sobrio, pintármelo de negro tal vez, a fin de cuentas voy a ser casi una viuda. ¿Se habrá muerto el viejo? Con repulsión lo toca levemente con la punta del dedo y lo retira con velocidad Puta está tieso, tieso, tieso. ¿Y si llaman del counter del hotel para hacer el check out y encuentran que el viejo se murió por tirar más de la cuenta a los 80 años? Se tapa la cara con las manos Van a hacerle la autopsia y van a encontrar que este zascandil se murió por sobredosis de viagra, que vergüenza me va hacer pasar, otra vez, ni muerto puede dejar de hacerme pasar vergüenzas y humillarme, viejo miserable. Reflexiona y con un sobresalto se le abren los ojos de par en par, salta de la cama hacía el suelo emocionada y deja destapado al bulto Y hasta podría irme para Buenos Aires a bailar en el show de Tinelli y…

UFAAAA...

¡¿QUÉ ES ESE OLOR?!


Papas Fritas

Cuando pagas tu menú de medio día en el ‘Platón’, te regalan un diario de contenido ligero y vivaracho, lo que algún arribista letrado, hijo de facultad privada, consideraría como prensa amarilla. Lectura grata para acompañar el almuerzo de pechuga de pollo y obviar las gordas gotas de grasa que se chorrean desde las papas fritas. Como todos los pobres diablos empleados gana pan con media hora para atragantarse y llenar la tripa antes de volver a sus diversos quehaceres demoniacos, yo estaba a mis anchas leyendo aquella magnifica fusión de entretenimiento e información.

En la mesa de al frente -o mejor dicho en una de las tantas mesas que están al frente mío- se sentó una chica de refinada apariencia y cabello negro hollín, seguramente tinturado con ‘Color Perfect’ de Wellapon (Características del producto: Sistema sinergético: combina en forma perfectamente balanceada, logrando una interacción que optimiza, a la vez, rendimiento y resultado de color). Se ve igual que en el comercial de televisión.

La segunda pregunta que aterriza en la cabeza de uno es ¿Qué hace una chica así en el centro de la ciudad, alejada de las primaverales calles del barrio alto? Ciertamente hay unas cuantas compañías importantes que tienen sus matrices en el sector céntrico por una cuestión de tradición más que de eficiencia, pero no deja de llamarme la atención que un espécimen tan particular llegue al acostumbrado habitat del patio de comidas, compuesto principalmente por peces gato y variedades renacidas de milodón.

En su mesa, había el mismo diario de publicación ligera y vivaracha con el que el resto de zatrapillas nos entreteníamos leyendo sobre farándula y mirando tetas sin pezón, mientras las papas indiferentes a los contenidos seguían sangrando grasa cuando eran pinchadas con el tenedor de plástico.

La sorpresa de que aquel espécimen descontextualizado se hubiera sentado en mi radio cercano, ya me había puesto de buen humor. No era para menos, ella explícitamente había preferido ese lugar frente a mi mesa en lugar de aquel soleado puesto junto a los mórbidos programadores de antivirus.

Lo único que tenia que hacer para mi completo regocijo, era levantar la vista bajo el supuesto de masticar largamente y tenía una beca completa para estudiarla con el detenimiento que merecía su agraciada figura.

Pelo recogido con un complicado nudo y un vestido colorido pero distinguido. Esa era la composición de la foto. ¿Por qué los pobres diablos como los que venimos al patio, debemos ponernos traje y corbata para vernos un poco decentes y las mujeres como ella pueden ponerse un atuendo verde con café y mantener completa elegancia? Siempre me quedara la duda… aunque sepa en voz baja que la mona aunque de seda se vista mona queda.

Pero los caminos del Señor pueden ser amables, incluso para los periodistas malandrines como yo. Una segunda figura llegó a la mesa. Rubia, pero no rubia teñida, una rubia de verdad y según podía deducir importada de algún país nórdico, tal vez Dinamarca. Era un oasis en medio de la hostil cotidianidad.

La rubia tomó el diario que la sofisticada había dejado de lado con evidente desprecio. Le dio varias ojeadas. La portada del diario hablaba de Pascual, un perro chow chow que se había escapado de su casa durante la vacaciones y ahora vagabundeada por el barrio alto de la ciudad lleno de garrapatas. La portada incluía una foto a todo color del desafortunado can, que miraba al fotógrafo con profundos ojos melancólicos de quien ha perdido total esperanza. La danesa miraba desconcertada, sus muecas connotaban desentendimiento sobre el contenido del diario. Quería una explicación de porque un perro extraviado estaba en la primera pagina de una publicación masiva (285.000 ejemplares diarios). Tal vez pensaba que era un extraño doble sentido, una broma inteligente que a pesar de sus mil horas de estudio del idioma español no había podido captar y entender. Comenzó a desesperar. Miró a la sofisticada clamando por ayuda, pero ella estaba en pleno duelo con un wrap de zanahoria con lechuga y no iba a prestarle atención a nada más. La danesa estaba a punto del colapso, podía observarlo. Buscaba una respuesta a sus dudas en silenciosa desesperación y yo estaba al frente con una silenciosa respuesta que ansiaba ser dicha.

¡Pide por ayuda! Que la sofisticada se pare con estruendo, rompa la paz de nuestra media hora de almuerzo y grite: ¡Mi amiga se esta ahogando en su incomprensión! ¡Alguien Ayúdela Por Favor! ¡ ¿Hay algún periodista en el lugar? Yo habría arrojado la bandeja y las papas fritas habrían caído en la cara de un personaje secundario mientras en una escena de cámara lenta (a lo Baywatch) yo tomaba el diario, lo estiraba y le daba la ansiada explicación sobre la paupérrima historia que había tenido que escribir mi colega Jota Ron, debido a que el día de ayer el tiempo se le había esfumado en un café con piernas acompañado de una chica llamada Zalia y no había tenido mas remedio que llenar la tapa del diario con Pascual: El chow chow vagabundo que enternece al barrio alto. Ella habría clamado un: AHHHHHHH y el salón entero habría estallado en aplausos. Incluso la cocinera del Platòn me habría recompensado con un postre de bananas y helado. Un honor nunca antes visto en el patio de comidas.

- ARRRRRRGGHHHH.

Todo el salón se mueve, las miradas buscan desesperadas el origen de aquel graznido que ha asesinado la paz de su media hora de almuerzo. La chica sofisticada se levanta con estruendo, mientras la danesa se retuerce como una una lombriz que batalla para no ser insertada en el anzuelo de un pescador. ¡Mi amiga se esta ahogando! ¡Alguien ayúdela! ¿Hay algún doctor en el lugar? Nos miramos todos perplejos unos a otros. Allí se podía encontrar contadores, secretarias, vendedores, incluso un ingeniero, que para que no lo califiquen de facho ha venido a dar un paseo a este submundo con sus empleados, pero no hay médicos. Aquí no. Ningún medico le daría ese gusto a su colesterol comiendo esas papas fritas ni forzaría su digestión a media hora de tiempo.

Arroje la bandeja y grite rompiendo mi camisa como un Clark Kent cualquiera: ¡YO SOY MÉDICO! Todos los ojos se posaron sobre mi recién inaugurada estoica figura. Salte hacia la mesa de enfrente con arrojo e hice lo que mejor sabe hacer un periodista: ¡Fingir que sabe lo que esta haciendo!

Le metí los dedos por la boca como si se tratara de un colega ebrio que se le ha pasado la mano ahogando la penas luego de haber sido humillado por su editor y saque una gruesa papa frita que iba desde la tráquea hasta el negro paladar de la danesa. Tan negro que incluso Pascual habría estado celoso de tanto pedigrí.

Arroje la papa al suelo como si se tratase del despreciable ayudante enano-deforme de mi archienemigo de fantasía y la pisotee mostrándole quien mandaba en el lugar. La Danesa estaba agradecida, la sofisticada también, me citaron en la noche a un restaurante fusión del barrio alto a una cena baja en grasas. Cuando este ahí, les contaré la historia sobre Jota Ron y Pascual.

Santiago en 100 palabras

Abandonada

Cierra la puerta. Abre la boca, exclama un nombre, llamándolo. Desde la calle vio la luz encendida, como las del resto, pero nadie la espera en casa. Sus cejas se fruncen, sus ojos toman color nostalgia.

Entra a la habitación. Toma el teléfono. Suspira. Marca con la mirada el trayecto de los siete dígitos prohibidos. Cuelga.

En la cocina aún hay restos de conversación, también un poco de vino sobrante, tinto de buen cuerpo. Los tres porqués se disparan forajidos en su interior. Permanece inmóvil, su mente se esfuerza obsesivamente, maquinando alguna explicación que la deje respirar tranquila.

Una mirada bajo tierra

Los vagones siempre magnifican su sensación de soledad, aislamiento de ciudad para ser exactos. Las conversaciones ajenas le suenan como una rápida pasada por las frecuencias de la radio. Las ignora, mantiene su rumbo hacia una esquina, se instala en el piso y explora su entorno, en busca de una mirada cómplice, alguien de quien enamorarse por cuatro estaciones.

De paseo por la feria matinal

Los ensordecedores gritos de los anunciantes indicaban el inicio del sonoro carnaval. Las cajas planas de vidrio mostraban todo tipo de especímenes exóticos. Algunos con puntiagudas lenguas anfibias, con las que se atacaban mutuamente para atraer la atención de los visitantes. Las esferas de cristal eran consultadas en los distintos paneles por androides de silicona para predecir el futuro, y en las carpas más angostas, vistosos alquimistas ofrecían soluciones mágicas para el manejo de todo tipo de situaciones cotidianas.

Como todas las mañanas, me serví una rica porción de afrecho. La devoré con voracidad y continué con el zapping.


Rojo Escarlata.

Vivir dos vidas. Sin presenciar físicamente una de ellas. En la primera comparto mi cuerpo, en la segunda lo que quisiera haber sido. En una me acompaña una mujer de cabello negro y largo. En la otra acecha una rubia de cabello corto, o así es como se describe al menos, no importa en realidad.

En la primera, soy sin ser, en la otra me doy gusto imaginando lo que soy. Me doy gusto imaginando que comparto vivencias con una rubia de cabello corto que se hace llamar Blondie Z.
Mas de un vez pensé que si sumara mis dos mitades llenaría el espacio suficiente para convertirme en un personaje completo, en un hombre atractivo, pero ambas partes son asimétricas entre si, son la misma figura repetida en blanco y negro, y no pueden conectarse, son piezas repetidas y defectuosas de un mismo rompecabezas.

Hoy llegó el día de que mi cuerpo conozca a Blondie Z. Así lo hemos pactado. Han pasado dos años desde que nos encontramos por primera vez en un canal de Undernet. Hoy sabré si puedo ser realmente todo lo que imagine.
Es una ciudad extraña, iluminada mayormente por neón. Demasiado extravagante para mi gusto, con un constante ruido que me pone nervioso. El tipo de ciudad que le dije a Blondie Z que me atrae.

La espero en un bar. Puedo definirlo como rojo escarlata. Las mesas, las luces, el piso cuadriculado, los afiches pop, el aire, la música; Rojo escarlata. Mi vestimenta es el resultado de esas dos piezas de ese rompecabezas que no se pueden unir en armonía. No termino de comprender mi atuendo, compuesto por mis pantalones azules de siempre y los zapatos que siempre miré atónito en la estantería de una boutique, y nunca me decidí a comprar hasta saber que hoy sería hoy. Es muy tarde para decidir quien soy en realidad.

Hay muchas rubias bañadas por rojo escarlata, bailando sensualmente en el centro del bar. Ninguna se parece a lo que Blondie Z me ha dicho que es. Tal vez no exista alguien como lo que ella dijo que es. Dos años y ni una sola fotografía de su cara. Escuche su voz en mi ultimo cumpleaños, pero mantuvimos el pacto de nunca vernos, ni siquiera por video.

Una ciudad, un bar, una mesa, una hora específica, dos años después de haber hablado por primera vez, exactamente 17500 horas después y Blondie Z se está tardando. Me había dicho que era puntual, como un inglés, y lleva 15 minutos de retraso. Tal vez no se vaya a presentar. 20 minutos. Mi aliento ya huele a Mai Tai, mi cocktail favorito, es la primera vez que lo pruebo y no me deleitó como lo esperaba. 30 minutos. Debería levantarme e irme, eso es lo que se supone que hago cuando alguien me hace esperar media hora. Sigo esperando y trato de no ver el reloj muy seguido. 45 minutos.

–Creí que no esperabas a nadie por más de 20 minutos- me dijo la voz proveniente de mi nuca. No vire la cara y fije la mirada en el resto de mujeres que bailaban en rojo escarlata.
– ¿Y quien dijo que te estoy esperando a ti los últimos 25?
- Porque te he estado observando desde que llegaste y nunca dejaste de buscarme.
- No sabes lo que puedo estar buscando
- Me estabas buscando a mi, Takeko. Puedes dejar de fingir ya, durante 45 minutos observé quien eres y aprendí más de ti que en los últimos dos años.
-Ahí es donde te equivocas, Blondie.
-No. Estoy en lo correcto, los detalles visuales se abstraen de las intenciones. Observando con cuidado, desglosando los detalles, se aprende mejor que escuchando y leyendo. Las frases siempre pueden estar prefabricadas y ensayarse al punto de sonar espontáneas. Pero lo que ve un ojo escondido desde un agujero, es vergonzosamente auténtico.
- Son piezas distintas del rompecabezas que se deben unir para constituir una sola forma.
- No es así. Te observé y he terminado de conocer lo que tus palabras se encargaban de mimetizar. No te des la vuelta. Voy a irme y no quiero que me mires.
Era sorprendente, tajante, directa, cruel, maravillosamente tenaz. Ella no había mentido. Realmente era Blondie Z. Y si realmente era ella, entonces sabía que la rabia la consumía por haberme encontrado a mí en lugar de Takeko.
- Vete de una buena vez Blondie, ya te dije que hace 25 minutos deje de esperarte. Ahora estoy en busca de alguna mujerzuela bien dotada que no me llene la cabeza de existencialismos absurdos, que me lama el miembro sin chistar, y sin tener que darle dos años de atención, se abra de piernas gustosa.
Blondie resopló a mis espaldas y con un rápido movimiento agarró mi cabello y lo tiró contra el respaldar de mi silla, sujetándolo con firmeza.
- Escúchame escoria, no vuelvas a hablar como si fueras Takeko o te rebano las bolas aquí mismo ¿entendiste? Tu no eres él, nunca podrías ser como él, eres una escoria asquerosa y cobarde.
Cuando liberó mi cabello, me di vuelta y la golpee a mano cerrada en la boca del estomago. Blondie se doblo. Aferré mis dedos contra su cara, sujetándola con fuerza –Ya te dije que no te estoy esperando a ti ramera- y la lancé contra el suelo cuadriculado.
–Ahora lárgate, espantas a las mujerzuelas- Era FULLY Takeko, y no sabía porque estaba usando esos ridículos pantalones azules. Salí del rojo escarlata. Subí a la habitación de mi hotel y comencé a buscar otros pantalones. Encontré unos de traje, negros, lo único usable entre todo lo que había en el placard. Mientras me los ponía, Blondie irrumpió en la habitación con los ojos desorbitados por la rabia y se lanzo contra mí. La detuve con un bofetón que la sentó. Se quedo ahí, paralizada, con una mano sobre su mejilla, mirándome fijamente. Proseguí a subirme los pantalones. Blondie se arrastró a gatas y me los bajo de nuevo. Empezó a acariciar mis piernas con ambas manos, adorando cada centímetro de carne como si me tratara de una resurrección divina. La agarre de los cabellos y la levanté, ubicándola justo en frente de mi maquinaria. Me la chupo, luego se la lamí. Follamos y luego dormimos.

Cuando desperté me sentía culpable, me sentía culpable por mi novia de cabello negro y largo. Ya no era Takeko.

El llanto de Benjamín, carta abierta.

Pongo el punto aparte de una frase inspirada. Cierro los ojos y alzo mi cabeza, lentamente, hasta situarla perpendicular con el techo. Me tomo unos segundos antes de abrirlos. Tres o cuatro solamente.

Saboreo tu olor navegante en el aire de nuestra habitación, está impregnado en tu almohada, también en la mía. Las etiquetas de su interior dicen 100% algodón, y hacen juego con las sabanas color lila, cuando las compramos en Falabella discutimos por los colores, yo las quería azul marino. Hicimos el amor esa noche para reconciliarnos.

En las cuatro esquinas hay ropa tirada, alguna es tuya otra es mía. En el rincón, sobre la tele, está el pantalón negro que usaste el jueves por la noche, todavía huele a cigarro.

Camino hacia la puerta, piso la punta de un aro antes de abrirla, estoy descalzo, mi pie sangra un poco. Corto la exclamación antes de emitir sonido alguno. Voy hacia la cocina.

En el fregadero hay dos tasas, dos platos y dos vasos. Han estado ahí desde hace días. Abro la heladera. Está vacía, excepto por un tarro de leche y una botella de jugo de naranja, exprimido por ti la semana pasada.

¡Tengo que mojarme la cara!

Sumerjo la cabeza en el agua fría, la mantengo ahí, inmóvil, por varios minutos, hasta que mis orejas comienzan a amortiguarse. Me quedo soportándolo un poco más.

Miro mi reflejo, mis ojos hinchados, maquillados por las ojeras. Mi barba mal crecida me da aspecto abandonado. Nuestros cepillos de dientes están juntos, dentro de ese vaso deforme que compramos en Bariloche, el tuyo es rosa y dice oral b, el mío es eléctrico y azul. Mi toalla tiene manchas de sangre, mi sangre, la tuya esta doblada y limpia. Huele a suavizante. Mis nudillos tienen costras, no las toco. Estoy apunto de gritar.

¡Quiero gritar! Por favor… ¡Necesito gritar!

Una lágrima quiere escapar, no lo dejo.

Oigo un llanto.

Cierro los ojos.

Se repite.

Aprieto los puños. Mis costras se rompen, mis nudillos vuelve a sangrar. Salgo del baño. Camino por nuestra sala semivacía, paso por la mesa que aún está emplasticada del envío. Hay cajas por todos lados todavía.

Me quedo parado al frente a la puerta, el llanto se repite con más fuerza desde su interior. Tiene colgado un letrerito de madera, es verde, lo elegimos verde porque es el color de los artistas. El cartelito dice Benjamín.

Abro y ahí está nuestro hijo, en su cuna heredada y refaccionada, llorando a mares.

-Benja no llores así, tenemos que ser fuertes nomás, ya va a pasar.

Lo tomo en mis brazos, es tan cálido y delicado, pero su llanto se vuelve cada vez más enérgico. Creo que tenemos razón en imaginar que nuestro hijo va a tener muchas cosas que gritarle a este mundo.

-Hay que hacer lo que se tiene que hacer Benja, aguantar como hombrecitos.

No entiende una palabra de la conversación padre hijo que le estoy diciendo, cumplió 6 meses el pasado martes, pero sí siente lo que le transmito, y por eso llora así, llora por ambos.

Lo llevo a nuestro cuarto, sus ojitos se abren y lo examina todo. Deja de gritar.

Lo siento conmigo frente al notebook y le leo la última frase que escribí.

-¿Te gusta? Es para tu mamá. Es algo que le estoy escribiendo. Le gusta que le lea cuando está acostada. ¿A ti también te gusta que te lea cuando te enfermas no es cierto Benja? Pues te cuento que eso lo heredaste de ella, macho. Dale, piensa cómo terminamos la historia para mamá-.

Pongo el punto final a una frase inspirada. Suena el telefono. Tomo a Benjamín y lo llevo en mi brazo izquierdo, contesto con el otro. Es tu mama, tiene la voz entrecortada. Me dice que acabas de morir por una hemorragia interna.

Cloning 2066 -Como si nunca hubiera muerto-

Mi dispositivo móvil lanza su señal autoprogramada para indicarme como ha resuelto organizar de manera más eficaz mis actividades del día, agregando según dice un 7%

más de tiempo libre a mi apretada agenda laboral. Lamentablemente mi esposa murió antes de ayer, junto con otro centenar de personas, debido al ataque biológico realizado en el centro por un grupo insurgente norteamericano en señal de protesta por el bloqueo económico que recibe Estados Unidos desde hace meses. Por esto, las actividades de ocio y entretenimiento para mi semana se encuentran momentáneamente suspendidas. Es una pena porque teníamos entradas para un espectáculo de poesía visual que hemos querido ver desde que éramos adolescentes y dudo que sean transferibles para otra fecha.

Las letras traslucidas de mi móvil me señalaron que debía tomar el tren flotante, pero este avanza con menos velocidad de lo normal debido a un exceso de trenes que circulan en las líneas esta mañana, así que ahora me sugiere que me baje en la próxima estación y alquile una bicicleta para llegar hasta el laboratorio donde trabajo. Ayer me dieron el día libre para arreglar los tramites policiales correspondientes a lo de mi esposa, pero fue imposible realizarlos en un solo día, especialmente porque los químicos usados por esos radicales fueron bastante corrosivos y los forenses todavía no terminaban la limpieza necesaria del sistema toráxico de los cuerpos, para que los familiares podamos ir a hacer el acostumbrado reconocimiento oficial. Una antigua y desagradable tradición que todavía se mantiene y que realizaré por la tarde.

Quiero salir cuanto antes de la morgue policial, aquí la muerte sí se siente oscura y maligna, segadora y determinante. El sofocante aire helado que se respira en este sótano infernal, ultraja la consistente sensación de seguridad ante lo inevitable que se vende en cualquier sucursal de Cloning Incorporated® tan pulcras y estilizadas. Aquí abajo la gente grita, aúlla herida, desmembrada de su ser querido. Un joven, un par de años menor a mí, llora desconsolado de rodillas frente al verdoso y oxidado sarcófago 88. Abrazados unos a otros alrededor su muerto, una familia reza en la esquina donde falla la iluminación. Ninguno de ellos debe tener el dinero para comprar un paquete servicial de Cloning. Quiero que me llamen pronto, reconocer el cuerpo, firmar lo que tenga que firmar, y largarme de aquí antes de que me estalle la cabeza.

Lo primero que hago al salir, es pasar por el kiosco y comprar un cigarro de marihuana para tranquilizarme, mientras lo fumo, veo salir a un par de ancianos de la morgue, la mujer trata de consolar al hombre -son cosas del destino- le dice -lo único que no tiene remedio es la muerte y hay que aceptarla. ¿Aceptarla? pienso yo, dejar que unos hijos de puta maten a mi esposa y yo tenga que quedarme sin ella por una suerte de destino... Acaso si alguien roba mi departamento, el seguro no debe reponerme todo lo que falte en menos de 24 horas ¿Cuál es la diferencia si unos bastardos me roban a mi esposa y yo tengo la posibilidad de adquirir un seguro para cerciorarme de que el destino me la devuelva?

No soy rico como para adquirirlo, pero mi antiguo jefe del laboratorio tenía contactos y me facilitó la posibilidad de tener una segunda oportunidad para mi esposa o para mí dado el caso.

Le toco a ella a usarlo. Supongo que mirare la muerte de forma distinta desde ahora que sé que si muero no podré volver. No volver. No había pensado en eso. Si mañana soy victima de un atentado como el que pasó en el centro o tengo un accidente, mi esposa no tendrá los medios para clonarme, deberá ir a la morgue, firmar lo que tenga que firmar y continuar sin mi, ponerse sus botas negras de suela púrpura y volver al trabajo, llorar por las noches al despertarse sola en nuestra cama, mudarse a un piso mas chico y comprar comida para uno. Luego empezará a salir con sus amigas, a sonreír de nuevo, conocerá a alguien en algún bar, y un par de lágrimas le recorrerán el rostro al momento de comprobar que me superó y que sus ojos adquirieron brillo de nuevo. No había pensado en eso. No quiero morir el día de mañana y no tener la posibilidad de viajar a Estambul o a Shangai, de quedarme a páginas de terminar un libro, de tomarme una cerveza con el hijo que aún no tengo o simplemente de enamorarme una vez más –lo único que no tiene remedio es la muerte- pensé.

La noche de principio a fin se desarrolló espantosa, compulsivamente daba vueltas en la cama, y ese maldito cupo de vida guardado en las arcas de Cloning, no dejaba de atormentarme por un segundo, tentándome para usarlo en mi propia reencarnación.

En la mañana había tomado una decisión. Llegué con todo el cansancio sobre mis párpados al edificio de Cloning, me acerqué al mostrador de cristal neonizado atendido por una sonriente pelirroja quien me pide el numero de afiliación, se lo digo de memoria ,lo ingresa en el sistema y me da su pésame automático por mi esposa. Me pasa nuestro expediente y se retira. Vuelve cinco minutos después, y me pregunta si ya decidí que paquete deseo para renovar sus servicios. No lo entiendo, le digo, esto esta mal, nosotros tenemos un cupo disponible, la pelirroja toma el expediente con un sonrisa y sin mutar ni un poco su gesto, me señala un recuadro con fecha de hace un año aproximadamente, donde aparece mi nombre, junto con el lugar y hora de muerte.