domingo 31 de mayo de 2009

La Reina

Por Takeko Jones

Al parecer, parecerse no es nunca lo suficientemente parecido a ser autentico y no parecerse a nada.
La mirada, o más bien en la mirada. Ahí hay algo, medio coqueto medio sufridor, lo cual nunca llega bien a mimetizarse. Aunque coquetee y sufra como un condenado. Imposible emular la original. Por eso las mujeres sólo me gustan cuando mantienen los ojos bien cerrados. Los parpados son mucho menos fascistas, no nos segregan por nuestra génesis, confundida de fábrica. En el Cielo, o donde coño sea que se defina el género de un nuevo ser, trabaja un inspector de espíritus que debería ser despedido por negligente.
Ojos, espejo del alma. A la mierda ¿Y si se tiene un alma franca de mujer? Cómo se puede poseer una autentica mirada femenina mientras todavía te están colgando los huevos como un cascabel, recordándote el hilacho de hombría que no se puede quitar en cada paso que das. Perdón por el lenguaje tosco, pero las mujeres también nos echamos pedos en privado, y esta es una plática privada mi amor.
Propongo un intercambio. No. No el que hago cada noche, no sean básicos. Uno en grande, uno necesario, donde todos ganemos y solucionemos nuestras afligidas limitaciones.
Propongo: Yo le doy mis huevos a Dios a cambio de que él me quite esa costilla que me sobra.
Por más que me esfuerzo por pecar sobre sus mandamientos pareciera que nada es suficiente como para que me expulsen de este cuerpo. Eva solo se comió una manzana y ya. Golfa pueril. Otra prueba de que Dios o ya no merodea por aquí o como insisto, le falta lo que a mí me sobra: Huevos.
Un cirujano ofreció sacar mis bíceps y ponerlos en mis glúteos para que se vean tonificados. Ya imaginaba como los hombres iban a fantasear por la noche luego de ver ese culo de acero. Iban a calentarse tanto al recordar mis pasos que luego tratarían de montarse a su mujer, pero al momento de agarrar esas carnes flácidas todo se les vendría abajo.
Tuve que decirle que no. A la final soy responsable y una mujer siempre piensa en el futuro. Tenemos un instinto de preservación natural. Sin eso la raza humana ya habría desaparecido, ingratos. Si pierdo mis bíceps como voy a levantar costales durante el día para pagar las cuotas de la operación. Necesito un marido que me mantenga, y para eso necesito mi culo de acero.
Decisiones cada día.

Tengo la fuerza para ser mujer e incluso madre. Puedo dar a luz una dulce esperanza con todo el dolor que requiere su parto y luego amarla por sobre todas las cosas, por más decepcionante que llegue a ser el resultado al pasar los años. ¿Qué mas prueba que eso?
Ser bicéfalo por indecisión no paga y menos si se es gordo y feo. No todos los que nos sentimos hermosos dentro de un abrigo de ming al parecer lo somos. Una vez vi una foto de mí metido, feliz de la vida, en uno de esos abrigos. Era negro con rojo, sublime y un corsé de látex café oscuro. Hermosísimo. Hasta pusieron esa foto en una exposición que se llamó TROCOCO (Travesti y Rococó). Llego la invitación a mi casa. Era la primera vez que mi buzón recibía una carta a nombre de Delphine François. El espíritu se me revitalizó. Me sentía tan orgulloso que quería llamar a mi padre a chismearle todo. Pero una mujer siempre sabe esperar al momento correcto, y en este caso será cuando él esté tres metros bajo tierra. Igual voy a llevarle una lindas broméelas a la tumba para que se le pase la bronca que le va a dar cuando le diga.
Fue la primera vez que me dejé lucir ante un público masivo. Pensé en llevar el abrigo de ming pero no quería que piensen que era el único atuendo fino de mi guardarropa, aunque sí lo era. Me lo robé de la casa de mi abuela hace años, pero el rojo se lo pinté yo. Caminaba por la exposición con el paso ligero que una diva debe tener. Me miraban y sentía la envidia alrededor. Refrescante. No fui directo a buscar mi retrato, aunque moría de ganas de oír los comentarios de alrededor. Ojee uno por uno con calma. La mayoría se veían muy artísticos. Llegué a uno grande y enmarcado con pan de oro, de primera mirada lo encontré burdo, pero gracioso. Al punto que me reí un poquito para mis adentros de esa loca gorda y con cara de putísima que se relamía las mejillas frente a mí. Luego me reconocí y me dieron arcadas.
El fotógrafo me pedía que le hiciera el amor a la cámara. En ese estudio yo me sentía la diva más lujuriosa del planeta. Me adentré en un personaje aparte, que no sabía que residía en una habitación escondida y bajo llave de Delphine. Ponle una máscara a un hombre y te dirá la verdad. Ponle dos y se volverá su propio Dios.
Y como deidad, me di cuenta que soy putero como Zeus. Me abalancé al fotógrafo para hacerlo mío y me noqueó con su cámara. A los hombres nunca hay que decirles que sí a la primera ni dejarles ver que nos encantan. Error de adolescente, lo asumo.
No debí ponerme tanto rimel.
¿No es el don más maravilloso de la mujer despertar la belleza? ¿Y el de nosotros? Tratar de caminar lenta y dolorosamente hacia esa belleza con un bastón entre las piernas.
Mis cuerdas vocales no tienen forma de maquillarse. Por eso cuando un hombre guapo me habla siempre le digo que sí con la cabeza.

martes 12 de mayo de 2009

La bruja


Por Takeko Jones


¿Cómo se cuenta la vida? ¿Por el tiempo transcurrido? ¿Por la cantidad de cosas que se ha hecho? ¿O por un promedio de ambas? No. La vida se puede contar solamente por las personas que se perdieron en el camino. Son trofeos de la indiferencia de las circunstancias. Disecados y embalsamados para preservarse, pero nunca para volver a moverse. Los que dejaste escapar, los que nunca cumplieron la promesa de regresar, los que se ahogaron en el cruce de corrientes entre su cotidianidad y la tuya. Los aviones. Tu vida ha estado marcada por el asiento de una ventanilla junto al ala izquierda. Una ventana por donde no se puede mirar nada más que las memorias dejadas tras la aduana. Amor, frustración, en ti son la misma cosa, nunca aterrizaste de ese vuelo. Pones tu cabeza contra el asiento y te fuerzas a dormir. Solo para despertar y esperar que el aterrizaje sea el despegue. ¿El futuro? Hay un nuevo vuelo. Pero no puedes subir hasta que no te hayas bajado del anterior, pero lastimosamente lo que veo es que el avión está suspendido en una nube de helio. Ves hacia abajo, esperando ver un rostro. Desde niño te gusta ver figuras en las nubes, pero solo existen en tu imaginación, en tu deseo, en tu nostalgia por estar siempre en un lugar diferente al que donde estás. El próximo destino es siempre el mejor.

lunes 11 de mayo de 2009

Trespiés


Por Takeko Jones


Y bueno… yo solo estaba aquí, más bien ahí, en esa esquina, sentado, leyendo
Día tras día me paro por los alrededores y espero.
Qué va, yo no soy ningún héroe.
Miro pasar a la gente, los que entran y salen del banco, todos apresurados, recelosos de lo que llevan encima. Nunca despego el ojo de la entrada. Uso unas gafas grandes.
Lo mismo que le contaron los guardias. De repente hubo un tiro y me asusté como cualquiera.
He venido cada mañana desde hace 17 días.
Un tipo corriente nomás, que estaba en ese lugar de pura coincidencia.
Cada noche salgo a correr piques rápidos y cortos.
Lo pienso y una parte de mí lo considera una estupidez, una locura.
Antes me asomaba por ahí apenas abría el banco, pero luego me enteré en un diario que la mayoría de asaltos ocurren al medio día.
Podrían haberme matado claro… eso no lo pensé en el momento, solo actué, fue un instinto más impulsivo.
Me excita cada vez que veo pasar a dos tipos en una moto y bajan la velocidad al pasar por frente de la puerta. Nos ven y nos analizan. Y yo a ellos.
Dejemos lo de héroe… por favor, un ciudadano más, eso es todo. Alguien harto como cualquiera de que esta gente nos haga vivir esta especie de terrorismo urbano. Esa sensación de frustración supongo que fue lo que me hizo actuar.
Cuando escuché el disparo yo ya estaba esperándolos, escondido, detrás de su moto. Me sudaban las manos.
Mire, no es que mañana voy a ir a Creaciones Imperio a comprarme un traje de Batman.
No eran ni siquiera corpulentos. Corrían con una bolsa, agitándola como niños que salen desesperados del último día de clases
O sea, míreme… no soy tan alto, jamás hice artes marciales ni nada de eso. De hecho, este es el primer enfrentamiento que me ha pasado en la vida.
Los guardias ni siquiera trataron de levantarse del suelo. No iban a arriesgarse por los miserables 200 dólares que ganan. En sus miradas fracasadas casi se podía notar la envidia que les tenían a los ladrones mientras huían de su lugar de trabajo.
Herido, tanto así no… bueno sí un poco maltrecho. Me dieron un par de golpes, ¿ve aquí? Ah y este corte en la ceja, que se ve feo pero no creo que sea nada grave.
Un asalto es como un cuadro de película paralizado. Sin sonido. Todos los actores secundarios padecen de pánico escénico. Solo los protagonistas mantienen el ritmo de la acción.
No. Yo soy de acá. El acento es porque volví al país hace poco, estuve viviendo afuera por años… y me encuentro que todo está diferente, inseguro.
Entonces todo cambia, uno de los tipos tropieza, el otro sube a la moto y arranca, dejando a su compañero atrás.
No jaja, qué preguntas me hace. Soy soltero, sin novia ni perro que me ladre jaja. No he tenido tiempo ni para salir a un bar. He estado ocupado con eso de insertarme de vuelta acá y sacar adelante mis trabajos.
Cuando la moto pasa por mi lado, me impulso en el capó del auto y le doy una patada recta, con fuerza. Siento con el pie como se le hunde la costilla. La moto comienza a perder equilibrio con la velocidad, el tipo trata de retomar el control, da unas cuantas curvas forzosas hasta que resbala. La moto se desliza hasta golpearse con un contenedor de basura.
Yo soy pintor…
El de la moto queda en el pavimento inmóvil. Su pasamontañas está rasgado y manchado de sangre.
Bueno estoy buscando donde exponer mi trabajo… como le digo estoy recién llegado y hay que darle tiempo al tiempo
Queda uno. Corre hacia mí aturdido. Tiene pánico escénico, dejó de ser un personaje protagónico, su papel en la escena está definido. Un golpe cruzado en la sien, con la mancuerna, y el pobre se desparrama sobre el Honda Civic que me hacía de guarida. No tuve que hacerle nada más. Solo volver a mi esquina y esperar la resolución luego del clímax.



Sergio Landetta, un héroe inédito
Diamantes recuperados por un ciudadano ilustre
El pintor justiciero
El artista que le dijo basta a la delincuencia


Entrevistas, titulares, crónicas, artículos y hasta editoriales de opinión. Toda la ciudad hablaba de mí. Mi actitud de que-me-importismo con el reconocimiento que todos se lanzaban a otorgarme los alucinaba. Mi fama simplemente bullía. Las empleadas domésticas suspiraban hombro con hombro junto a sus patronas cuando la radio me mencionaba. El trabajo que la policía no cumple, que los políticos ofrecen en vano solucionar, lo tuvo que realizar un pintor con sus propias manos, dejándose maltratar su linda cara con ojos verdes. Ese era el vox populi. El pintor, el artista… vaya figura recurrente para conquistar chicas y funcionada de igual manera para enamorar a una ciudad. Cautivaba, le daba un plus de misticismo al personaje público. La televisión me adoptó como su hijo favorito y las revistas de mujeres comenzaron la búsqueda del santo grial para conseguirme una novia que esté a mi altura. ¡¿Cómo el héroe pintor más famoso de la ciudad podía estar soltero?!
Poco después llegaron las llamadas de las más recatadas galerías, de los ansiosos agentes, de los curadores curiosos por tomar un café bohemio conmigo y hablar sobre el avant-garde… todos me querían, me necesitaban con hambruna para revitalizar sus exposiciones… para convertirlas en un mega evento pop. Rechacé mostrar mi trabajo. Me resistí a las jugosas ofertas. Lo único que aprendí de economía alguna vez en el colegio, fue su única ley tangible por los mortales visibles: oferta y demanda.
Esperé que los medios y el boca a boca maduraran la fruta lo suficiente y antes de que se comience a podrir, acepté hacer una mega exposición. El evento más exclusivo que la ciudad habría visto en la última década. Nada de afiches ni anuncios ordinarios. Solo se mandó invitaciones a la creme de la creme. Aquellos que podían apreciar el arte de un héroe. Aquellos que podían pagar el arte de un héroe. La condición irrevocable que pedí, fue que no mostraría mis cuadros hasta el día de la exposición. Una petición que para cualquier otro le habría representado un escupitajo en la cara por parte de los organizadores.
El champán agilitaba las lenguas y un remolino de channel inundaba el ambiente. Se apagaron las luces. Nastassja Gouyèvre, mecenas del arte local y dueña de la galería, leyó un texto descriptivo sobre el concepto y axiología de mi obra, que yo mismo escribí minutos antes:

Los trazos reflejan el iris escondido. Los colores, el transito de sueños infantiles que son decapitados por el transito matutino. El olfato es la herramienta más visual que existe. Los ojos están contaminados desde que se nace. No se pinta un cuadro con adultez sino con la ilusión de hacer real un universo más fantástico. A la crudeza solo la hace reflexionar la inocencia. La línea más simple limpia el espíritu urbano sofocado de demasiados productos sobre diseñados. Dejen que la obra de Landetta los pasee por un lugar que no han visitado desde su niñez.

Sensible y heroico, me habían llamado en una popular revista chic. Una mezcla perfecta de la que todos querían un pedazo. Y ahora podían adquirirlo. Los hombres más ricos de la ciudad caminaban con cara reflexiva por la galería, haciendo números, calculando inversiones. Sus mujeres acercaban el ojo para ver con detalle los trazos o como decían ellas: para degustar las texturas, que son en sí una obra aparte. Había un par de críticos de arte, que detrás de sus grandes lentes Guess se lanzaban miradas agudas mientras se susurraban al oído, lo pavoroso que les resultaba ver mi obra populista. Me calificaron de petimetre y botarate.

Esa misma noche vendí 300.000 dólares en cuadros. Irónicamente el mismo valor de los diamantes que rescaté. Un gran éxito. Al día siguiente volví a Uruguay. Mi hogar de los últimos 7 años. Le pedí al taxista que me lleve por la rambla, el verano se acercaba y la gente ya adornaba los atardeceres en la playa. Llegué a la Ciudad Vieja, abrí la puerta de casa y me encontré frente a frente con Benjamín, mi hijo pequeño. Tiene 5 años y unos ojos llenos de chispa, como los de su madre. A penas me vio salió disparado a su habitación y me trajo un manojo de papeles que se le caían por todos lados. Buscó entre todos y me mostró con orgullo el que decía era su mejor cuadro. Lo vi y me gustó.
Lo senté en mis rodillas, y le pregunté: ¿Cómo se llama, Benja?
El trespiés, me respondió. Es como un ciempiés pero que se dio cuenta que no necesitaba tantas patas para caminar por la vida, solo dos para avanzar y una para cuando tiene que irse para atrás. Podrías ser un filósofo existencialista Benja.

El trespiés. Seguramente podré venderlo por unos $50.000 cuando vuelva a la ciudad. Mientras Benjamín termina de pintar unos cuantos cuadros más, voy a tomarme unos días para ir a la rambla del Puerto del Buceo y comenzar a escribir un nuevo guión.













jueves 12 de febrero de 2009

Una cicatriz que fluye por la sangre

Hablo con mi resentimiento. No es una plática agradable, ¿sabes? Hay mucho en ti, pequeñas y grandes cosas. Es como una guarida de serpientes, de todo tipo, de todos los tamaños, las más diminutas son las más venenosas. Esos detallitos, ¿sabes? Esas palabras que uno nunca llega a superar, tal vez solo sean solo una o dos, pero están ahí, moviéndose silenciosas, como una cicatriz que fluye por la sangre y no tienes idea por cual poro saldrá para gritarte solamente a ti: aquí estoy, aquí estoy ¿me recuerdas?

Se supone que las cosas pasan, se van, que el tiempo sabe lavar las heridas, que por debajo de los puentes pasa el agua ¡Pero qué mentira tan obscena! Tú sabes ser un poco más cruel que eso. Es mejor quedarse callado. Solo que por sentir esa fría sensación de impotencia en las manos sudorosas. Ese nerviosismo insufrible de quien quisiera responder con madurez, pero sabe de antemano que está dominado, paralítico en su propia reacción explosiva, reacción antagónica contra nuestra última trinchera de dignidad.

Mira, ahí está ella. La mujer. La que te alimentó en tantas ocasiones, de maneras tan jugosas. Dale una buena mirada. Obsérvala ahí, cagada de miedo, amarrada contra esa silla horrorosa que ella misma trajo de la tienda de antigüedades donde luego supe que se encontraba con su amante pervertido. Qué clase de mente enferma se reúne con una amante donde en la tienda de un anticuario bautizado Canuto. Seguro era un necrófilo negado. En fin, como te decía, ahí está ella sin poder ver nada a su alrededor, a mi disposición… perdón, sí tienes razón, también eres protagonista en esto. A nuestra disposición. ¿Pero qué sacamos de todo esto? le corto una oreja, le arranco las uñas o cualquier cosa de ese tipo y ya está. Es instantáneo. Siempre sabrá donde esta la herida y como ocultarla. Siempre podrá pedir un préstamo de hipotecario para repararse en alguna clínica bogotana. No, yo quiero justicia de la buena. Quiero que ella tenga una relación con su propio resentimiento tal como yo la tengo contigo, así, cercana y calurosa.

Creo que voy a dejarla ir. Eso es lo mejor, por ahora ¿sabes? No, no me están sudando las manos, pero tal vez es mejor preparar algo para cuando vuelva a su casa y crea que todo esto haya terminado…es una excelente idea, maquiavélica, una venganza prolongada, tal vez hasta de años, como en una novela policial, imagínate convertirme en un sicópata que la atormente invisiblemente por cada momento de su vida, acosando cualquier intento de felicidad, esa sí sería justicia de la buena, volverla victima eterna de un terrorismo personalizado, un estado de sitio imprevisible que … o tal vez tienes razón, quiero dejarla ir porque le temo tanto como desde el primer beso. No puedo enfrentarme a ella ni tampoco a ti, no puedo ni siquiera separarlos en dos cosas diferentes. Resentimiento y Mujer.

Escuché que lo mejor es dejar que el agua pase por debajo del puente, pero aquello no funciona cuando lo que pisas por debajo es un pantano sin corriente ni intención de moverse.

Hay que tener bolas al menos una vez en la vida de poner la pistola en la sien y recuperar la dignidad.

X sale del galpón, camina lento, con paso hipnotizado, parpadeos inconstantes. Saca de la guantera del auto de ella un pequeño revolver viejo de colección, comprado en la tienda del anticuario, un regalo de ella en el pasado San Valentín.

- Por si te dejo de amar alguna vez dijo ella en tono de broma cuando se lo dio.
- Ojalá venga con dos balas entonces, le respondió él también riendo

lunes 9 de febrero de 2009

Chuquicamata

- GHU-2694, es la patente correcta, camioneta 4x4 Toyota todo terreno con los logos de Codelco al costado…

- ¿Revistaste el interior?

- Sí, están los documentos de identidad del caballero, es el esposo de esa señora morenita que vino a la comisaría antes de ayer a denunciar su desaparición. Nos dejó ese porta retrato de él que sale con una guagua.

- Le dijimos que traiga otra foto donde apareciera solo su esposo, para que no fuera tan confuso al pegar el aviso por la ciudad. ¿Dónde habrá quedado el torso?

- Desintegrado. Se puso por lo menos dos kilos de explosivos en el cuerpo.
class="MsoNoSpacing" style="text-align: justify;">- Y uso dinamita de la empresa… la dinamita que pagamos todos los chilenos. -- Por lo menos a la camioneta solo hay que lavarle la sangre y queda flamant.

“Vengo al desierto, a cometer este acto cobarde de abandono, me odio por hacerlo, pero tengo que irme de esta mierda de oscuridad infinita. Perdóneme ambas.”

- ¿Alguna otra evidencia?

- Esta carta que estoy leyendo Jefaso, estaba en la guantera, el tipo estaba en la última, dice que no podía más con la angustia, con la persecución, ese tipo de cosas y luego habla de puro asunto raro que habría que preguntarle a la esposa mejor... porque no entiendo si el móvil del suicidio es porque la mujer le ponía los cachos o porque se pudrió de la vida de minero.

- Mineros tontos, siempre se terminan matando de alguna forma extrema ¿no saben que la depresión está cubierta en el Auge? ¿Encontraron la cabeza?

- Solo la parte parietal y la occipital.

- Bueno toma una foto y se la pasas a los medios, pero solo de la camioneta bañada en sangre, no quiero que la esposa vea el cuerpo tan destrozado… aunque tal vez se merece cargar con esa imagen la muy puta, ya le preguntaremos.

- Son todas unas putas Jefaso.

miércoles 5 de noviembre de 2008

Chuquicamata

- GHU-2694, es la patente correcta, camioneta 4x4 Toyota todo terreno con los logos de Codelco al costado…

- ¿Revistaste el interior?

- Sí, están los documentos de identidad del caballero, es el esposo de esa señora morenita que vino a la comisaría antes de ayer a denunciar su desaparición. Nos dejó ese porta retrato de él que sale con una guagua.

- Le dijimos que traiga otra foto donde apareciera solo su esposo, para que no fuera tan confuso al pegar el aviso por la ciudad. ¿Dónde habrá quedado el torso?

- Desintegrado. Se puso por lo menos dos kilos de explosivos en el cuerpo.

class="MsoNoSpacing" style="text-align: justify;">- Y uso dinamita de la empresa… la dinamita que pagamos todos los chilenos. -- Por lo menos a la camioneta solo hay que lavarle la sangre y queda flamant.

“Vengo al desierto, a cometer este acto cobarde de abandono, me odio por hacerlo, pero tengo que irme de esta mierda de oscuridad infinita. Perdóneme ambas.”

- ¿Alguna otra evidencia?

- Esta carta que estoy leyendo Jefaso, estaba en la guantera, el tipo estaba en la última, dice que no podía más con la angustia, con la persecución, ese tipo de cosas y luego habla de puro asunto raro que habría que preguntarle a la esposa mejor... porque no entiendo si el móvil del suicidio es porque la mujer le ponía los cachos o porque se pudrió de la vida de minero.

- Mineros tontos, siempre se terminan matando de alguna forma extrema ¿no saben que la depresión está cubierta en el Auge? ¿Encontraron la cabeza?

- Solo la parte parietal y la occipital.

- Bueno toma una foto y se la pasas a los medios, pero solo de la camioneta bañada en sangre, no quiero que la esposa vea el cuerpo tan destrozado… aunque tal vez se merece cargar con esa imagen la muy puta, ya le preguntaremos.

- Son todas unas putas Jefaso.

Ejercicios de estilo de Raymond Queneau mas una versión propia

De Queneau:

Relato

Una mañana a mediodía, junto al parque Monceau, en la plataforma trasera de un autobús casi completo de la línea S (en la actualidad el 84), observé a un
personaje con el cuello bastante largo que llevaba un sombrero de fieltro rodeado de un cordón trenzado en lugar de cinta. Este individuo interpeló, de golpe y porrazo, a su vecino, pretendiendo que le pisoteaba adrede cada vez que subían o bajaban viajeros. Pero abandonó rápidamente la discusión para lanzarse sobre un sitio que había quedado libre. Dos horas más tarde, volví a verlo delante de la estación de Saint-Lazare, conversando con un amigo que le aconsejaba disminuir el escote del abrigo haciéndose subir el botón superior por algún sastre competente.


Vacilaciones

No sé muy bien dónde ocurría aquello... ¿en una iglesia, en un cubo de la basura, en un osario? ¿Quizás en un autobús? Había allí... pero, ¿qué había allí? ¿Huevos, alfombras, rábanos? ¿Esqueletos? Sí, pero con su carne aún alrededor, y vivos. Sí, me parece que era eso. Gente en un autobús. Pero había uno (¿o dos?) que se hacía notar, no sé muy bien por qué. ¿Por su megalomanía? ¿Por su adiposidad? ¿Por su melancolía? No, mejor... más exactamente... por su juventud, adornada con un largo... ¿narigón? ¿mentón? ¿pulgar? No: cuello; y por un sombrero extraño, extraño, extraño. Se puso a pelear -sí, eso es-, sin duda con otro viajero (¿hombre o mujer?, ¿niño o viejo?) Luego eso se acabó, concluyó acabándose de alguna forma, probablemente con la huida de uno de los dos adversarios.
Estoy casi seguro de que es ese mismo personaje el que me volví a encontrar,
pero ¿dónde? ¿Delante de una iglesia? ¿Delante de un osario? ¿Delante de un
cubo de la basura? Con un compañero que debía de estar hablándole de alguna cosa, pero ¿de qué? ¿De qué? ¿De qué?


De Bourage:

Comentarista deportivo

El minutero pega ya el medio día, el árbitro mira su reloj, buena asistencia en el bus metropolitano, el escenario está prácticamente lleno para el clásico, el Cuellilargo Benítez está parado, concentrado, viste sus tradicionales colores llamativos, aunque creo ver desde aquí que le falta un botón en la chaqueta… Comente Pepe

Así es mi estimado Poeta del Gol, parece que su entrenador se preocupó más en darle las últimas recomendaciones tácticas a su sombrero, reforzando la línea de tres, con ese coqueto cordón que le cuelga para hacer más pressing ofensivo…

El árbitro dice: jueguen muchachos y la acción comienza por parte del veterano Chico Álvarez, dueño y señor de estas canchas, castiga con potencia las costillas del Cuellilargo, usa los codos como si fueran guadañas, una y otra vez, miren que combinaciones, es un mooonstruo. Benítez parece atrapado, no reacciona, otro frenazo de la maquina busetera y se gana un nuevo pisotón por parte del Chico. Su experiencia en este tipo de superficie le da ventaja… Comente Pepe

Exasperado, frustrado, derrotado, fieles oyentes esos son los adjetivos que me vienen a la mente para definir a Cuellilargo en este round, que no ha mostrado reacción alguna ante un contrincante malicioso y enfocado que ha salido a buscarlo desde el pitazo inicial.

¡Tiró la toalla! No lo puedo creer, una vergüenza deportiva nunca antes vista en este rodante escenario urbano, Cuellilargo abandona y se refugia como una liebre asustada en un asiento libre. Parece que eso es todo por la velada queridos oyentes. Los invitamos a escuchar la rueda de prensa que se dará en la estación Saint-Lazare.

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