Las cosas I M P O R T A N T E S
lunes 14 de julio de 2008
Me agobia la eterna adolescencia. Me incomoda el marco macabro de la adultez seria y respetable. La interminable avalancha de conflictos introspectivos me provoca ese mareo de cuando se duerme mucho más horas de lo necesario. Me lleva directo a vomitar en el water reflexionar durante la noche sobre qué pasa en mi cabeza.
El umbral de las 8 horas, de 9 a 17, me es indescriptiblemente indeseable, casi como el perderme toda la mañana durmiendo para no levantarme directamente hacia las zancadillas seudo emocionales que me hacen las mismas piedras lacrimógenas desde los 15 años.
Las corbatas son la herramienta más eficaz para que la sangre deje de llegar al cerebro de un adulto serio y respetable y las gloriosas historias que pasaron en el colegio un elixir falso de juventud para el eterno adolecente
¿Quién quiere ser un eterno adolecente?
¿Quién quiere ser un adulto serio?
Mejor yo quiero ser un niño y ocuparme de las cosas relevantes de la vida, de jugar y de cagar.
Monologo de una casi viuda a.k.a reflexiones de una Bitch.
viernes 23 de mayo de 2008
Una habitación de hotel cuatro estrellas. Sobre la cama King Size, Marian se encuentra recostada contra el espaldar, desnuda, cubierta hasta el pecho por la sabana y observando fijamente con frustración y desdén al bulto humano que está a su lado inanimado.
Marian: La puta madre, este viejo está tieso como un tronco. Da un largo soplido La reputa que lo parió, creo que se murió. Se le ve muerto, pero tiene como 80 años igual, si hasta cuando se embute cucharadas de yumbina, como si fuera una yegua frígida, se le ve medio muerto. Alza la cabeza y olfatea el aire como un sabueso Y tampoco le he oído echarse ni un pedo hace rato y siempre está echándose pedos el viejo puerco, es flatulento como él solo, seguro ahora sí colapsó el muy hediondo. Por dios, hasta a una mofeta se le saldrían las lágrimas si tuviera que oler ese baño después del festín de frijoles y chile con el que se atragantó anoche. Aprieta el puño alzándolo a la altura de su cara ¡La que me parió! ¿Quien me manda a culiarme al viejo un día antes de la boda? Se toma la cara con ambas manos ¿Y ahora que hago con el vestido…? Toma la sabana y se levanta el busto Puta que se sentía rica la tela de los encajes y me daba un potente escote, que desperdicio. Todos los vejetes iban a quedar deshidratados de tanto babear. ¡Uf! que le salió caro el vestido al viejo, debí haber comprado dos, nunca está de más tener uno de reserva, especialmente ahora, que parece que se murió el novio y justo un día antes de la boda. ¿Cómo me puede pasar esto a mí? Y yo que quería que esos gemelos nietos del viejo me vieran con mi vestido matador, siempre me han mirado con ganas ese par de pervertidos, igual les enseñaría un truco o dos para que todo quede en familia. ¿Pero que familia? Si ya se murió este inútil, cretino, lerdo. Da un gritito contenido mirando furiosa al bulto ¡AGGH! ¡Que mala puntería tiene la muerte! Dos días, dos días más, y yo misma le hubiera abierto la puerta a la puta muerte para que se lleve a este sarnoso, pero no. Tuve que abrirle una pequeña ventanita con anticipación y ya se coló por ahí la perra aprovechada. ¡Que soy pelotuda! Viejo mañoso, por qué le di la puntada un día antes de la puta boda… Una pelotuda es poco para lo que soy… ¡soy una tremenda boluda! Era cosa de verlo, oírlo, palparlo, si a los dos minutos de empezar ya hacía ruidos de animal moribundo y le daban arcadas epilépticas por el esfuerzo sobrenatural que le significaba a este cadáver tratar de hacer un paupérrimo misionero. Imitando con desprecio mientras hace una mueca ¿Se siente rico mijita? Viejo cabrón, si con una pila Triple A me puedo venir mil veces mejor. Saca la lengua con asco Puta que tenía gusto a caducado este carcamal, era como lamer un abrigo de piel empolvado en el ático desde hace siglos ¿Tendré un Mentos en el bolso? Puag… creo que todavía tengo un pelo entre los dientes, ahí lo siento en la muela del fondo, cosquillando mis encías. Puta que estaba peludo el viejo y olía a agua ras. Que manera de tener plata y no tener clase, cómo va a usar agua ras. Pero ni con ese veneno se camuflaban sus pedos. Quedaba oliendo como a esos baños de bus popular, donde caga todo el mundo y le ponen ese desodorante ambiental barato… pero que asco. Se da la vuelta y le habla directamente al bulto Bueno, para eso te ibas a casar conmigo, para verte con un poco más de clase, ¿CIERTO? Para poder presumir en tu club de billar y agarrarme el culo en frente de todos, ¿NO? Para sentirte dominador y patriarca, para sentir que alguien depende de ti, para tener constancia de que aunque ya no puedes ni caminar derecho, puedes poner todavía a una hembrita en cuatro patas, ¿AH? De verdad te lo digo; tu y esos dinosaurios amigos tuyos, que andan colgándose minitas jóvenes del cuelo como si fueran joyas caras, se ven MUY ordinarios. No saben cuanto nos reímos de ustedes a sus espaldas. Todos los viejos que salen con minas jóvenes se ven tan patéticos… Reflexiona. Menos Jack Nicholson, ese si no importa lo viejo que este, siempre esta bueno. Claro, obvio, porque Jack tiene clase de pies a cabeza y este viejo no, es un viejo feo y corriente. Se acerca lentamente al bulto y lo observa con detenimiento a poca distancia Míralo ahí, esa piel reseca como lija que cuando suda se engrasa como una fuga de petróleo y ese olor a naftalina, ¡¿PERO QUIÉN SIGUE USANDO NAFTALINA EN ESTOS DÍAS?! Claro, solo este viejo. Jack seguro que no usa naftalina. Reflexiona. Yo saldría con Jack sin dudarlo, aunque mejor saldría con Sean Penn, esa cara de malo que tiene… me mata. Como me gustan los tipos malos. Se muerde los labios Mmm… tengo que mandarle un mensaje a Luigi, con ese aire de italiano mafioso, papito rico, mijito. Sale del trance y mira con decepción al bulto cabizbaja Y este viejo… ni cara de malo tiene. Este tiene un aire…. como de Santa Claus de supermercado de ofertas. ¡Ay¡ tengo que ir a ver qué ofertas hay en Zara antes de que la familia del viejo me corte la tarjeta de crédito, el otro día quería comprar unas blusas preciosas de otoño, pero el viejo estaba con una de sus andanadas de pedos y nos hubieran echado a patadas por tóxicos, viejo puerco. Me vendrían bien unas botas de cuero cafés con esa blusa y seguro que tendré que ir donde Mario para que me cambie el estilo de corte, algo más sobrio, pintármelo de negro tal vez, a fin de cuentas voy a ser casi una viuda. ¿Se habrá muerto el viejo? Con repulsión lo toca levemente con la punta del dedo y lo retira con velocidad Puta está tieso, tieso, tieso. ¿Y si llaman del counter del hotel para hacer el check out y encuentran que el viejo se murió por tirar más de la cuenta a los 80 años? Se tapa la cara con las manos Van a hacerle la autopsia y van a encontrar que este zascandil se murió por sobredosis de viagra, que vergüenza me va hacer pasar, otra vez, ni muerto puede dejar de hacerme pasar vergüenzas y humillarme, viejo miserable. Reflexiona y con un sobresalto se le abren los ojos de par en par, salta de la cama hacía el suelo emocionada y deja destapado al bulto Y hasta podría irme para Buenos Aires a bailar en el show de Tinelli y…UFAA ¿qué ese olor?
Papas Fritas
lunes 11 de febrero de 2008
Cuando pagas tu menú de medio día en el ‘Platón’, te regalan un diario de contenido ligero y vivaracho, lo que algún arribista letrado, hijo de facultad privada, consideraría como prensa amarilla. Lectura grata para acompañar el almuerzo de pechuga de pollo y obviar las gordas gotas de grasa que se chorrean desde las papas fritas. Como todos los pobres diablos empleados gana pan con media hora para atragantarse y llenar la tripa antes de volver a sus diversos quehaceres demoniacos, yo estaba a mis anchas leyendo aquella magnifica fusión de entretenimiento e información.
En la mesa de al frente -o mejor dicho en una de las tantas mesas que están al frente mío- se sentó una chica de refinada apariencia y cabello negro hollín, seguramente tinturado con ‘Color Perfect’ de Wellapon (Características del producto: Sistema sinergético: combina en forma perfectamente balanceada, logrando una interacción que optimiza, a la vez, rendimiento y resultado de color). Se ve igual que en el comercial de televisión.
La segunda pregunta que aterriza en la cabeza de uno es ¿Qué hace una chica así en el centro de la ciudad, alejada de las primaverales calles del barrio alto? Ciertamente hay unas cuantas compañías importantes que tienen sus matrices en el sector céntrico por una cuestión de tradición más que de eficiencia, pero no deja de llamarme la atención que un espécimen tan particular llegue al acostumbrado habitat del patio de comidas, compuesto principalmente por peces gato y variedades renacidas de milodón.
En su mesa, había el mismo diario de publicación ligera y vivaracha con el que el resto de zatrapillas nos entreteníamos leyendo sobre farándula y mirando tetas sin pezón, mientras las papas indiferentes a los contenidos seguían sangrando grasa cuando eran pinchadas con el tenedor de plástico.
La sorpresa de que aquel espécimen descontextualizado se hubiera sentado en mi radio cercano, ya me había puesto de buen humor. No era para menos, ella explícitamente había preferido ese lugar frente a mi mesa en lugar de aquel soleado puesto junto a los mórbidos programadores de antivirus.
Lo único que tenia que hacer para mi completo regocijo, era levantar la vista bajo el supuesto de masticar largamente y tenía una beca completa para estudiarla con el detenimiento que merecía su agraciada figura.
Pelo recogido con un complicado nudo y un vestido colorido pero distinguido. Esa era la composición de la foto. ¿Por qué los pobres diablos como los que venimos al patio, debemos ponernos traje y corbata para vernos un poco decentes y las mujeres como ella pueden ponerse un atuendo verde con café y mantener completa elegancia? Siempre me quedara la duda… aunque sepa en voz baja que la mona aunque de seda se vista mona queda.
Pero los caminos del Señor pueden ser amables, incluso para los periodistas malandrines como yo. Una segunda figura llegó a la mesa. Rubia, pero no rubia teñida, una rubia de verdad y según podía deducir importada de algún país nórdico, tal vez Dinamarca. Era un oasis en medio de la hostil cotidianidad.
La rubia tomó el diario que la sofisticada había dejado de lado con evidente desprecio. Le dio varias ojeadas. La portada del diario hablaba de Pascual, un perro chow chow que se había escapado de su casa durante la vacaciones y ahora vagabundeada por el barrio alto de la ciudad lleno de garrapatas. La portada incluía una foto a todo color del desafortunado can, que miraba al fotógrafo con profundos ojos melancólicos de quien ha perdido total esperanza. La danesa miraba desconcertada, sus muecas connotaban desentendimiento sobre el contenido del diario. Quería una explicación de porque un perro extraviado estaba en la primera pagina de una publicación masiva (285.000 ejemplares diarios). Tal vez pensaba que era un extraño doble sentido, una broma inteligente que a pesar de sus mil horas de estudio del idioma español no había podido captar y entender. Comenzó a desesperar. Miró a la sofisticada clamando por ayuda, pero ella estaba en pleno duelo con un wrap de zanahoria con lechuga y no iba a prestarle atención a nada más. La danesa estaba a punto del colapso, podía observarlo. Buscaba una respuesta a sus dudas en silenciosa desesperación y yo estaba al frente con una silenciosa respuesta que ansiaba ser dicha.
¡Pide por ayuda! Que la sofisticada se pare con estruendo, rompa la paz de nuestra media hora de almuerzo y grite: ¡Mi amiga se esta ahogando en su incomprensión! ¡Alguien Ayúdela Por Favor! ¡ ¿Hay algún periodista en el lugar? Yo habría arrojado la bandeja y las papas fritas habrían caído en la cara de un personaje secundario mientras en una escena de cámara lenta (a lo Baywatch) yo tomaba el diario, lo estiraba y le daba la ansiada explicación sobre la paupérrima historia que había tenido que escribir mi colega Jota Ron, debido a que el día de ayer el tiempo se le había esfumado en un café con piernas acompañado de una chica llamada Zalia y no había tenido mas remedio que llenar la tapa del diario con Pascual: El chow chow vagabundo que enternece al barrio alto. Ella habría clamado un: AHHHHHHH y el salón entero habría estallado en aplausos. Incluso la cocinera del Platòn me habría recompensado con un postre de bananas y helado. Un honor nunca antes visto en el patio de comidas.
- ARRRRRRGGHHHH.
Todo el salón se mueve, las miradas buscan desesperadas el origen de aquel graznido que ha asesinado la paz de su media hora de almuerzo. La chica sofisticada se levanta con estruendo, mientras la danesa se retuerce como una una lombriz que batalla para no ser insertada en el anzuelo de un pescador. ¡Mi amiga se esta ahogando! ¡Alguien ayúdela! ¿Hay algún doctor en el lugar? Nos miramos todos perplejos unos a otros. Allí se podía encontrar contadores, secretarias, vendedores, incluso un ingeniero, que para que no lo califiquen de facho ha venido a dar un paseo a este submundo con sus empleados, pero no hay médicos. Aquí no. Ningún medico le daría ese gusto a su colesterol comiendo esas papas fritas ni forzaría su digestión a media hora de tiempo.
Arroje la bandeja y grite rompiendo mi camisa como un Clark Kent cualquiera: ¡YO SOY MÉDICO! Todos los ojos se posaron sobre mi recién inaugurada estoica figura. Salte hacia la mesa de enfrente con arrojo e hice lo que mejor sabe hacer un periodista: ¡Fingir que sabe lo que esta haciendo!
Le metí los dedos por la boca como si se tratara de un colega ebrio que se le ha pasado la mano ahogando la penas luego de haber sido humillado por su editor y saque una gruesa papa frita que iba desde la tráquea hasta el negro paladar de la danesa. Tan negro que incluso Pascual habría estado celoso de tanto pedigrí.
Arroje la papa al suelo como si se tratase del despreciable ayudante enano-deforme de mi archienemigo de fantasía y la pisotee mostrándole quien mandaba en el lugar. La Danesa estaba agradecida, la sofisticada también, me citaron en la noche a un restaurante fusión del barrio alto a una cena baja en grasas. Cuando este ahí, les contaré la historia sobre Jota Ron y Pascual.
Santiago en 100 palabras
martes 13 de noviembre de 2007
Abandonada
Cierra la puerta. Abre la boca, exclama un nombre, llamándolo. Desde la calle vio la luz encendida, como las del resto, pero nadie la espera en casa. Sus cejas se fruncen, sus ojos toman color nostalgia.
Entra a la habitación. Toma el teléfono. Suspira. Marca con la mirada el trayecto de los siete dígitos prohibidos. Cuelga.
En la cocina aún hay restos de conversación, también un poco de vino sobrante, tinto de buen cuerpo. Los tres porqués se disparan forajidos en su interior. Permanece inmóvil, su mente se esfuerza obsesivamente, maquinando alguna explicación que la deje respirar tranquila.
Una mirada bajo tierra
Los vagones siempre magnifican su sensación de soledad, aislamiento de ciudad para ser exactos. Las conversaciones ajenas le suenan como una rápida pasada por las frecuencias de la radio. Las ignora, mantiene su rumbo hacia una esquina, se instala en el piso y explora su entorno, en busca de una mirada cómplice, alguien de quien enamorarse por cuatro estaciones.
De paseo por la feria matinal
Los ensordecedores gritos de los anunciantes indicaban el inicio del sonoro carnaval. Las cajas planas de vidrio mostraban todo tipo de especímenes exóticos. Algunos con puntiagudas lenguas anfibias, con las que se atacaban mutuamente para atraer la atención de los visitantes. Las esferas de cristal eran consultadas en los distintos paneles por androides de silicona para predecir el futuro, y en las carpas más angostas, vistosos alquimistas ofrecían soluciones mágicas para el manejo de todo tipo de situaciones cotidianas.
Como todas las mañanas, me serví una rica porción de afrecho. La devoré con voracidad y continué con el zapping.
Rojo Escarlata.
jueves 21 de junio de 2007
En la primera, soy sin ser, en la otra me doy gusto imaginando lo que soy. Me doy gusto imaginando que comparto vivencias con una rubia de cabello corto que se hace llamar Blondie Z.
Mas de un vez pensé que si sumara mis dos mitades llenaría el espacio suficiente para convertirme en un personaje completo, en un hombre atractivo, pero ambas partes son asimétricas entre si, son la misma figura repetida en blanco y negro, y no pueden conectarse, son piezas repetidas y defectuosas de un mismo rompecabezas.
Hoy llegó el día de que mi cuerpo conozca a Blondie Z. Así lo hemos pactado. Han pasado dos años desde que nos encontramos por primera vez en un canal de Undernet. Hoy sabré si puedo ser realmente todo lo que imagine.
Es una ciudad extraña, iluminada mayormente por neón. Demasiado extravagante para mi gusto, con un constante ruido que me pone nervioso. El tipo de ciudad que le dije a Blondie Z que me atrae.
La espero en un bar. Puedo definirlo como rojo escarlata. Las mesas, las luces, el piso cuadriculado, los afiches pop, el aire, la música; Rojo escarlata. Mi vestimenta es el resultado de esas dos piezas de ese rompecabezas que no se pueden unir en armonía. No termino de comprender mi atuendo, compuesto por mis pantalones azules de siempre y los zapatos que siempre miré atónito en la estantería de una boutique, y nunca me decidí a comprar hasta saber que hoy sería hoy. Es muy tarde para decidir quien soy en realidad.
Hay muchas rubias bañadas por rojo escarlata, bailando sensualmente en el centro del bar. Ninguna se parece a lo que Blondie Z me ha dicho que es. Tal vez no exista alguien como lo que ella dijo que es. Dos años y ni una sola fotografía de su cara. Escuche su voz en mi ultimo cumpleaños, pero mantuvimos el pacto de nunca vernos, ni siquiera por video.
Una ciudad, un bar, una mesa, una hora específica, dos años después de haber hablado por primera vez, exactamente 17500 horas después y Blondie Z se está tardando. Me había dicho que era puntual, como un inglés, y lleva 15 minutos de retraso. Tal vez no se vaya a presentar. 20 minutos. Mi aliento ya huele a Mai Tai, mi cocktail favorito, es la primera vez que lo pruebo y no me deleitó como lo esperaba. 30 minutos. Debería levantarme e irme, eso es lo que se supone que hago cuando alguien me hace esperar media hora. Sigo esperando y trato de no ver el reloj muy seguido. 45 minutos.
–Creí que no esperabas a nadie por más de 20 minutos- me dijo la voz proveniente de mi nuca. No vire la cara y fije la mirada en el resto de mujeres que bailaban en rojo escarlata.
– ¿Y quien dijo que te estoy esperando a ti los últimos 25?
- Porque te he estado observando desde que llegaste y nunca dejaste de buscarme.
- No sabes lo que puedo estar buscando
- Me estabas buscando a mi, Takeko. Puedes dejar de fingir ya, durante 45 minutos observé quien eres y aprendí más de ti que en los últimos dos años.
-Ahí es donde te equivocas, Blondie.
-No. Estoy en lo correcto, los detalles visuales se abstraen de las intenciones. Observando con cuidado, desglosando los detalles, se aprende mejor que escuchando y leyendo. Las frases siempre pueden estar prefabricadas y ensayarse al punto de sonar espontáneas. Pero lo que ve un ojo escondido desde un agujero, es vergonzosamente auténtico.
- Son piezas distintas del rompecabezas que se deben unir para constituir una sola forma.
- No es así. Te observé y he terminado de conocer lo que tus palabras se encargaban de mimetizar. No te des la vuelta. Voy a irme y no quiero que me mires.
Era sorprendente, tajante, directa, cruel, maravillosamente tenaz. Ella no había mentido. Realmente era Blondie Z. Y si realmente era ella, entonces sabía que la rabia la consumía por haberme encontrado a mí en lugar de Takeko.
- Vete de una buena vez Blondie, ya te dije que hace 25 minutos deje de esperarte. Ahora estoy en busca de alguna mujerzuela bien dotada que no me llene la cabeza de existencialismos absurdos, que me lama el miembro sin chistar, y sin tener que darle dos años de atención, se abra de piernas gustosa.
Blondie resopló a mis espaldas y con un rápido movimiento agarró mi cabello y lo tiró contra el respaldar de mi silla, sujetándolo con firmeza.
- Escúchame escoria, no vuelvas a hablar como si fueras Takeko o te rebano las bolas aquí mismo ¿entendiste? Tu no eres él, nunca podrías ser como él, eres una escoria asquerosa y cobarde.
Cuando liberó mi cabello, me di vuelta y la golpee a mano cerrada en la boca del estomago. Blondie se doblo. Aferré mis dedos contra su cara, sujetándola con fuerza –Ya te dije que no te estoy esperando a ti ramera- y la lancé contra el suelo cuadriculado.
–Ahora lárgate, espantas a las mujerzuelas- Era FULLY Takeko, y no sabía porque estaba usando esos ridículos pantalones azules. Salí del rojo escarlata. Subí a la habitación de mi hotel y comencé a buscar otros pantalones. Encontré unos de traje, negros, lo único usable entre todo lo que había en el placard. Mientras me los ponía, Blondie irrumpió en la habitación con los ojos desorbitados por la rabia y se lanzo contra mí. La detuve con un bofetón que la sentó. Se quedo ahí, paralizada, con una mano sobre su mejilla, mirándome fijamente. Proseguí a subirme los pantalones. Blondie se arrastró a gatas y me los bajo de nuevo. Empezó a acariciar mis piernas con ambas manos, adorando cada centímetro de carne como si me tratara de una resurrección divina. La agarre de los cabellos y la levanté, ubicándola justo en frente de mi maquinaria. Me la chupo, luego se la lamí. Follamos y luego dormimos.
El llanto de Benjamín, carta abierta.
viernes 25 de mayo de 2007
Pongo el punto aparte de una frase inspirada. Cierro los ojos y alzo mi cabeza, lentamente, hasta situarla perpendicular con el techo. Me tomo unos segundos antes de abrirlos. Tres o cuatro solamente.
Saboreo tu olor navegante en el aire de nuestra habitación, está impregnado en tu almohada, también en la mía. Las etiquetas de su interior dicen 100% algodón, y hacen juego con las sabanas color lila, cuando las compramos en Falabella discutimos por los colores, yo las quería azul marino. Hicimos el amor esa noche para reconciliarnos.
En las cuatro esquinas hay ropa tirada, alguna es tuya otra es mía. En el rincón, sobre la tele, está el pantalón negro que usaste el jueves por la noche, todavía huele a cigarro.
Camino hacia la puerta, piso la punta de un aro antes de abrirla, estoy descalzo, mi pie sangra un poco. Corto la exclamación antes de emitir sonido alguno. Voy hacia la cocina.
En el fregadero hay dos tasas, dos platos y dos vasos. Han estado ahí desde hace días. Abro la heladera. Está vacía, excepto por un tarro de leche y una botella de jugo de naranja, exprimido por ti la semana pasada.
¡Tengo que mojarme la cara!
Sumerjo la cabeza en el agua fría, la mantengo ahí, inmóvil, por varios minutos, hasta que mis orejas comienzan a amortiguarse. Me quedo soportándolo un poco más.
Miro mi reflejo, mis ojos hinchados, maquillados por las ojeras. Mi barba mal crecida me da aspecto abandonado. Nuestros cepillos de dientes están juntos, dentro de ese vaso deforme que compramos en Bariloche, el tuyo es rosa y dice oral b, el mío es eléctrico y azul. Mi toalla tiene manchas de sangre, mi sangre, la tuya esta doblada y limpia. Huele a suavizante. Mis nudillos tienen costras, no las toco. Estoy apunto de gritar.
¡Quiero gritar! Por favor… ¡Necesito gritar!
Una lágrima quiere escapar, no lo dejo.
Oigo un llanto.
Cierro los ojos.
Se repite.
Aprieto los puños. Mis costras se rompen, mis nudillos vuelve a sangrar. Salgo del baño. Camino por nuestra sala semivacía, paso por la mesa que aún está emplasticada del envío. Hay cajas por todos lados todavía.
Me quedo parado al frente a la puerta, el llanto se repite con más fuerza desde su interior. Tiene colgado un letrerito de madera, es verde, lo elegimos verde porque es el color de los artistas. El cartelito dice Benjamín.
Abro y ahí está nuestro hijo, en su cuna heredada y refaccionada, llorando a mares.
-Benja no llores así, tenemos que ser fuertes nomás, ya va a pasar.
Lo tomo en mis brazos, es tan cálido y delicado, pero su llanto se vuelve cada vez más enérgico. Creo que tenemos razón en imaginar que nuestro hijo va a tener muchas cosas que gritarle a este mundo.
-Hay que hacer lo que se tiene que hacer Benja, aguantar como hombrecitos.
No entiende una palabra de la conversación padre hijo que le estoy diciendo, cumplió 6 meses el pasado martes, pero sí siente lo que le transmito, y por eso llora así, llora por ambos.
Lo llevo a nuestro cuarto, sus ojitos se abren y lo examina todo. Deja de gritar.
Lo siento conmigo frente al notebook y le leo la última frase que escribí.
-¿Te gusta? Es para tu mamá. Es algo que le estoy escribiendo. Le gusta que le lea cuando está acostada. ¿A ti también te gusta que te lea cuando te enfermas no es cierto Benja? Pues te cuento que eso lo heredaste de ella, macho. Dale, piensa cómo terminamos la historia para mamá-.
Pongo el punto final a una frase inspirada. Suena el telefono. Tomo a Benjamín y lo llevo en mi brazo izquierdo, contesto con el otro. Es tu mama, tiene la voz entrecortada. Me dice que acabas de morir por una hemorragia interna.
Cloning 2066 -Como si nunca hubiera muerto-
martes 15 de mayo de 2007
más de tiempo libre a mi apretada agenda laboral. Lamentablemente mi esposa murió antes de ayer, junto con otro centenar de personas, debido al ataque biológico realizado en el centro por un grupo insurgente norteamericano en señal de protesta por el bloqueo económico que recibe Estados Unidos desde hace meses. Por esto, las actividades de ocio y entretenimiento para mi semana se encuentran momentáneamente suspendidas. Es una pena porque teníamos entradas para un espectáculo de poesía visual que hemos querido ver desde que éramos adolescentes y dudo que sean transferibles para otra fecha.
Las letras traslucidas de mi móvil me señalaron que debía tomar el tren flotante, pero este avanza con menos velocidad de lo normal debido a un exceso de trenes que circulan en las líneas esta mañana, así que ahora me sugiere que me baje en la próxima estación y alquile una bicicleta para llegar hasta el laboratorio donde trabajo. Ayer me dieron el día libre para arreglar los tramites policiales correspondientes a lo de mi esposa, pero fue imposible realizarlos en un solo día, especialmente porque los químicos usados por esos radicales fueron bastante corrosivos y los forenses todavía no terminaban la limpieza necesaria del sistema toráxico de los cuerpos, para que los familiares podamos ir a hacer el acostumbrado reconocimiento oficial. Una antigua y desagradable tradición que todavía se mantiene y que realizaré por la tarde.
Quiero salir cuanto antes de la morgue policial, aquí la muerte sí se siente oscura y maligna, segadora y determinante. El sofocante aire helado que se respira en este sótano infernal, ultraja la consistente sensación de seguridad ante lo inevitable que se vende en cualquier sucursal de Cloning Incorporated® tan pulcras y estilizadas. Aquí abajo la gente grita, aúlla herida, desmembrada de su ser querido. Un joven, un par de años menor a mí, llora desconsolado de rodillas frente al verdoso y oxidado sarcófago 88. Abrazados unos a otros alrededor su muerto, una familia reza en la esquina donde falla la iluminación. Ninguno de ellos debe tener el dinero para comprar un paquete servicial de Cloning. Quiero que me llamen pronto, reconocer el cuerpo, firmar lo que tenga que firmar, y largarme de aquí antes de que me estalle la cabeza.
Lo primero que hago al salir, es pasar por el kiosco y comprar un cigarro de marihuana para tranquilizarme, mientras lo fumo, veo salir a un par de ancianos de la morgue, la mujer trata de consolar al hombre -son cosas del destino- le dice -lo único que no tiene remedio es la muerte y hay que aceptarla. ¿Aceptarla? pienso yo, dejar que unos hijos de puta maten a mi esposa y yo tenga que quedarme sin ella por una suerte de destino... Acaso si alguien roba mi departamento, el seguro no debe reponerme todo lo que falte en menos de 24 horas ¿Cuál es la diferencia si unos bastardos me roban a mi esposa y yo tengo la posibilidad de adquirir un seguro para cerciorarme de que el destino me la devuelva?
No soy rico como para adquirirlo, pero mi antiguo jefe del laboratorio tenía contactos y me facilitó la posibilidad de tener una segunda oportunidad para mi esposa o para mí dado el caso.
Le toco a ella a usarlo. Supongo que mirare la muerte de forma distinta desde ahora que sé que si muero no podré volver. No volver. No había pensado en eso. Si mañana soy victima de un atentado como el que pasó en el centro o tengo un accidente, mi esposa no tendrá los medios para clonarme, deberá ir a la morgue, firmar lo que tenga que firmar y continuar sin mi, ponerse sus botas negras de suela púrpura y volver al trabajo, llorar por las noches al despertarse sola en nuestra cama, mudarse a un piso mas chico y comprar comida para uno. Luego empezará a salir con sus amigas, a sonreír de nuevo, conocerá a alguien en algún bar, y un par de lágrimas le recorrerán el rostro al momento de comprobar que me superó y que sus ojos adquirieron brillo de nuevo. No había pensado en eso. No quiero morir el día de mañana y no tener la posibilidad de viajar a Estambul o a Shangai, de quedarme a páginas de terminar un libro, de tomarme una cerveza con el hijo que aún no tengo o simplemente de enamorarme una vez más –lo único que no tiene remedio es la muerte- pensé.
La noche de principio a fin se desarrolló espantosa, compulsivamente daba vueltas en la cama, y ese maldito cupo de vida guardado en las arcas de Cloning, no dejaba de atormentarme por un segundo, tentándome para usarlo en mi propia reencarnación.
En la mañana había tomado una decisión. Llegué con todo el cansancio sobre mis párpados al edificio de Cloning, me acerqué al mostrador de cristal neonizado atendido por una sonriente pelirroja quien me pide el numero de afiliación, se lo digo de memoria ,lo ingresa en el sistema y me da su pésame automático por mi esposa. Me pasa nuestro expediente y se retira. Vuelve cinco minutos después, y me pregunta si ya decidí que paquete deseo para renovar sus servicios. No lo entiendo, le digo, esto esta mal, nosotros tenemos un cupo disponible, la pelirroja toma el expediente con un sonrisa y sin mutar ni un poco su gesto, me señala un recuadro con fecha de hace un año aproximadamente, donde aparece mi nombre, junto con el lugar y hora de muerte.
Etiquetas: cuentos, ficcion, literatura, narrativa



