Crónica de una batalla desinformada: 30S

Por Daniel F. Benavides

Era 30 de septiembre de hace un año y ya había estallado la revuelta policial. Las imágenes de televisión mostraban al presidente Correa envuelto en una nube de gas lacrimógeno. El mismo gas que poco después estaría respirando yo mismo. La sobrecarga de versiones venidas de las redes sociales y medios tradicionales hizo que algo en mi cabeza explote, algo que siempre estuvo ahí por el simple hecho de ser ecuatoriano, de saber que siempre estamos expuestos a las mentiras y cuentos, de unos y otros. Después de varias horas de incertidumbre frente a la televisión y computadora, decidí ir al lugar donde estaban ocurriendo los hechos: La parta alta de la Av. Mariana de Jesús, en los alrededores del Hospital Metropolitano, donde ciudadanos comunes y corrientes, alentados por dirigentes de Alianza País, quienes llamaron a que el pueblo libere a su presidente, trataban de llegar hasta el Hospital de la Policía, lugar donde se encontraba Correa. Secuestrado o no, eso nunca quedó claro. La decisión de ir fue simple, no quería más versiones, no quería más propaganda, no quería opiniones ni planos de televisión cerrados que manipularan los hechos, quería ir y ver por mí mismo qué estaba pasando en Quito.

Cuando pasé por el Parque La Carolina, lugar cercano a la Mariana de Jesús, una imagen me desconcertó. Un padre enseñaba a andar en bicicleta a su hijo con toda la tranquilidad del mundo como si se tratara de un domingo cualquiera. En contraste con la televisión y el Internet, la ciudad se sentía normal o tal vez ya es normal para esta ciudad que ocurran conmociones así.

La Mariana de Jesús es una cuesta bastante larga y empinada. Un escenario que sería propicio para escenificar la toma de un castillo en una batalla medieval, y mientras más subías, más fidedigna se volvía esa imagen. En cada metro que caminabas hacia arriba, comenzaba a sentirse el aumento de la fuerza centrífuga, que jalaba hacía el epicentro del caos, a solo unas cuantas cuadras más adelante. La tensión en el aire se hacía acompañar de un perfume lacrimógeno cada vez mas acentuado mientras se multiplicaba la cantidad de fogatas improvisadas para librarse de sus efectos asfixiantes. Los rostros de quienes se refugiaban ahí se veían inflamados.

Un par de cuadras más adelante, ya en el meollo del asunto, no había tanta gente como pensé que habría, pero de todas maneras era la suficiente como para denominar lo que estaba ocurriendo como una batalla campal.

Mis conceptos sobre la Policía Nacional nunca han sido muy altos, como tampoco el de ninguna institución estatal, salvo las Fuerzas Armadas, que suelen estar tan lejanas de la vida cotidiana que uno ni las toma en cuenta. Pero de alguna manera son quienes representan el orden máximo cuando todo se va al carajo y eso les confiere algún respeto como institución.

Sin embargo, el cuadro general me sorprendió fuertemente aun cuando pensé que la Policía no podía caer más bajo en mis conceptos. La imagen de ver sujetos vestidos con uniformes de policía pero al mismo tiempo encapuchados como delincuentes provenía de un mundo de ficción ciberpunk, la antiutopía. Mientras las piedras que lanzaban los policías encapuchados se rompían contra el asfalto de la calle o los huesos de la gente, mi idea de que este país era un país, aunque sea desaliñado, también se resquebrajaba. Maldito país.

Las personas que estaban ahí eran correistas en su amplía mayoría y habían ido hasta allá desarmados para tratar de rescatar a su líder en una acción bastante irresponsable, donde pudo haber corrido mucha más sangre de la que corrió y que estaría en manos de esos dirigentes que hicieron el llamado. Aunque tal vez yo era aún más irresponsable de estar ahí porque ni siquiera me agrada Correa y nadie me había llamado.

Entre el zumbido de las piedras que volaban, sonaban ocasionalmente disparos. El cadáver de un carro abandonado era corresponsal privilegiado de esa guerra tan extraña. Los carteles de publicidad finalmente fueron útiles cuando se los utilizó como escudos. La gente ganó territorio hasta que no hubo más espacio entre policías y civiles. La calle parecía un deslave volcánico de tantas piedras que estaban esparcidas a nuestras espaldas. Se enfrío la pelea y se hablaba de calma, se mencionaba la tregua, al fin y al cabo la gente ya había llegado hasta donde se podía llegar. Lo más lógico era hablar. Las personas se agruparon desde los diferentes rincones que habían adoptado como trincheras urbanas y cuando todos podíamos sentir el aliento de alguien más en la nuca, de tan pegados que estábamos, los policías dispararon al suelo varias cargas de gas lacrimógeno. Hubo una estampida, cada cual corrió por donde pudo sin mirar atrás. Me abalancé sobre las rejas del hospital para escapar de la calle pero mi pierna quedó trabada en el intento. La nube de gas comenzó a cubrir el perímetro y antes de que me llegara en plenitud forcejeé y caí al interior del hospital. Permanecí ahí hasta que comenzó a anochecer. Los rumores decían que venía el Ejército, que era mejor que nos vayamos. A pesar de estar en el lugar de los hechos, volvía a escuchar rumores, no sabía que pasaba ni que había pasado más allá de tener toda la ropa apestando a gas lacrimógeno. Los nudos del poder de este país son casi indescifrables para los ciudadanos a pesar de estar dentro de una llamada Revolución Ciudadana. Nunca vamos a saber realmente qué pasa.


Luego de un año veo carteles propagandísticos que dicen ‘30S el día que triunfó la democracia’. No creo que la democracia haya triunfado ese día porque no creo que era la democracia lo que estaba en juego el 30 de septiembre. Fue una revuelta, hecha por una pequeña parte de la tropa policial descontenta hace meses por los recortes a sus beneficios. Eso sumado a un presidente que quiere darse de puñetes con quien se le ponga en frente, dieron como resultado ese día de caos en la Mariana de Jesús. Mala combinación. Lo único que estuvo en juego ese día fueron las vidas de personas que fueron llamadas a una batalla que no debió existir. 


6 comments:

Anonymous said...

Echar la culpa a Correa y a la Policía es como el cuento del ladrón que encarcelado culpa a su madre por no haberlo corregido a tiempo. Funciona dentro del discurso infantil, pero ya despertemos.

No nos hagamos lo héroes en redes sociales, los analistas avergonzados, los que rendimos tributo a los difuntos, los que odiamos a los culpables

Deja el discurso infantil.


Saludos.

Takeko Jones said...

Y principalmente dejemos de opinar desde lo anónimo, no?

Gus said...

Anonymous Anonymous said...

Echar la culpa a Correa y a la Policía es como el cuento del ladrón que encarcelado culpa a su madre por no haberlo corregido a tiempo. Funciona dentro del discurso infantil, pero ya despertemos.

No nos hagamos lo héroes en redes sociales, los analistas avergonzados, los que rendimos tributo a los difuntos, los que odiamos a los culpables

Deja el discurso infantil.


Saludos.
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EXACTO!

Takeko Jones said...

Sí, tienes toda la razón. Por lo único que escribí esta crónica -no análisis, por cierto- es para hacerme el 'héroe' en las redes sociales... Disculpa por mis actitudes infantiles y por favor ilumíname con tu análisis sobre el 30S que estoy seguro está cargado de madurez y esplendor.

Francisco said...

Primero que nada mi querido Takeko mi felicitación por el artículo. Está muy bien escrito y creo que establece un punto de vista objetivo sobre lo que viste ese día infame. Por otro lado, debes sentirte muy orgulloso que tu página web esté siendo leída por ciertos secuaces que torpedean todo lo que creen que está en contra de Correa o de la versión oficial.
Para ese lector anónimo creo que le hace falta volver a leer el artículo, para que pueda entenderlo y decirle que descalificar a quien no piensa como usted y menos aún sin argumentos, no es el camino para crecer.

Anonymous said...

Me gusto mucho tu articulo!, a pesar que leo comentarios contrarios, que los siento contrarios, mas por un tinte politiquero, que por una realidad.
Eso de creer que hay que dejar algo, o que lo de antes era malo y que ahora todo es bueno, por principio es un error.
Que triste que estos soldados del mal amanecido concepto de revolucion ciudadadna , se escondan para atacar, y el tener criterio u opinion, hoy en dia es un pecado, pues ellos mismos mañana se comeran a a su lider, creo que la historia tiene muchos de estos casos.
Adelante con tus opiniones! que jamas te acallen.